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junio 04, 2010

Corazón contento, cerebro en stop...

Posted on 13:05 by María Ofelia ZP

¡Qué bonitos son los días de cielo azul y brisa decembrina!, ¡cómo se disfruta el sol cuando nos pega en la cara mientras el viento nos despeina… ! ¡Qué bonitos recuerdos nos traen a veces los olores, los sabores y las canciones…! ¡Qué bonita puede ser la nostalgia cuando evoca tiempos buenos que no nos producen dolor!.

Tal vez por la embriaguez que provocan los estadios que nos llevan a situaciones de bienestar es que luego tan pronto olvidamos las lecciones que teníamos que haber aprendido para rectificar y poder seguir el camino…

A veces creo que en lugar de aprender de las experiencias lo que hacemos es aprender a vivir con inmersión permanente en la inconsciencia, con boleto abierto y refill incluido.

Por increíble que parezca 6 meses después de la tormenta "Ida" estuvimos el pasado fin de semana nuevamente en emergencia nacional por las lluvias, el nombre ahora fue "Agatha" y en tan sólo una semana –nada más en El Salvador- mató a 10 personas, provocó un montón de deslizamientos de tierra, muchísimas inundaciones, como 10,000 evacuados, cientos de personas sin casa y otras tantas viviendo en albergues "por si acaso" por algunos días.

Nuevamente la naturaleza... es lo que se suele decir.
¿Nuevamente la naturaleza o nuevamente nuestra vulnerabilidad?

Siento pena y preocupación
porque ciertamente se trata de lo segundo y eso no tiene nada que ver con una naturaleza que se empeña en nuestra contra… no somos víctimas de la naturaleza sino de nuestra poca acción preventiva y claro, de nuestra manera de ver situaciones como la pobreza con la lástima que conmueve y nos saca las lágrimas (sin más...) y no con la compasión que lleva a sentirla tan hondo que no se puede siquiera pensar que aquello "es normal" y nos hace movernos y luchar para que la transformación sea posible, para que no sea siempre la misma historia que hace parecer que las víctimas lo son porque nacieron para serlo... no es justo, no es lo único que queda, no es la voluntad de ningún Dios, no es un dictado del destino, no es un milagro el que va a salvarnos. La vulnerabilidad y sus víctimas son producto de unas causas y se nutre con nuestra indiferencia.

No es posible, no puede ser que cada invierno tengamos que seguir viviendo a expensas de la lluvia que quiera empaparnos (porque preferimos cruzar los dedos esperando que no llueva antes de sacar el paraguas), que veamos florecer las comunidades a orillas de los ríos y que eso nos parezca “lógico y normal”, que veamos desaparecer las arboledas y aparecer en su lugar luces que alumbran las hermosas casas construidas sobre las faldas (o quizá quedaría mejor dicho “sobre los hombros”) de volcanes que por si fuera poco están activos, que en las colonias burbuja (esas que están rodeadas de muros con los que se quisiera impedir la inseguridad dentro de ellas) las casas sean tan bonitas que preferimos obviar el detalle de que cada casa ocupa el lugar de árboles centenarios que no pueden ser sustituído (simplemente) por semillitas que un día serán arbolitos...

Tan bonito que se siente el verano en el trópico, el sol ardiente nos colorea el cuerpo, nos calienta el alma, nos pone de buen humor y yo creo que también nos pone un poco en slow el cerebro y por eso queremos seguir viviendo en tierras erosionadas, a dos metros de donde bajó un deslave -o justamente en el mismo lugar-, porque claro “la lluvia ya pasó”, el sol brilla y su resplandor tiene el poder de borrar el recuerdo del dolor y las muertes, nos sentimos tan felices con el hermoso cielo azul que nos abraza que no somos capaces de pensar en los días grises, el viento, las goteras, las tormentas tropicales y de vez en cuando los huracanes… somos felices y vivimos secos durante la mitad del año y los próximos 6 meses nuevamente nuestra vulnerabilidad queda de manifiesto, pero es que la factura se paga con vidas y eso es un precio demasiado alto.

Estamos en junio, ya llegó el invierno y decidió anunciar su arribo en los diarios de todo el mundo: “La tormenta Agatha arrasa en Centro América”, “Agatha deja más daños que el huracán Mitch”, “La tormenta tropical Agatha causa varias decenas de víctimas en Centroamérica” fueron algunos de los titulares en periódicos de aquí y de allá... Nos agarró el tren como decimos, otra vez no estábamos preparados; nuevamente estamos a merced de la fuerza de la naturaleza. Vulnerables y víctimas de la histórica manera de enfrentar los inviernos (a nivel de país) y de nuestras pocas acciones para buscar alternativas (a nivel personal).

Cruzando los dedos esperamos que no pase nada y así pretendemos pasar los próximos 5 meses “secos y a salvo”. Tal vez lo malo del asunto es la certeza de que no basta ni cruzar los dedos ni ponernos tan sólo a rezar; ya llegó el invierno y salen a dar la cara gota a gota las consecuencias de nuestro esperar a que “alguien haga algo”.

Ya sé que este asunto tiene soluciones más complejas que un "querer hacer", ya sé que los cimientos son fuertes y va a costar muchísimo tirarlos, sé que no es cosa de simplemente hacer un comité y promover los cambios, ya sé que tampoco mi post va ayudar a que algo cambie, así que en vista de semejante "principio de realidad" dispongámonos a esperar... Vamos a ver cuando el sol y la brisa de diciembre vuelvan para acariciarnos la cara, despeinarnos el pelo y embobarnos los pensamientos cuál es entonces, el recuento de los daños.


Botones de muestra:

Tormenta IDA:

Tormenta IDA deja una reguero de muertos en su cruel paso por El Salvador

Tormenta Agatha:

Los muertos por la tormenta Agatha dejan en Guatemala, El Salvador y Honduras ya son 115

Tormenta Agatha destruye todo a su paso

Los muertos ya son 115...





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Gracias,
Ma. Ofelia

Nos enchufamos, gracias!


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