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agosto 19, 2012

Abstracción

Nunca utiliza un condón; le da igual si se trata de un hombre o una mujer o varios; no hay límites para lo que se le puede pedir que haga, o que se deje hacer.

Hasta aquí cosas más o menos comunes a la hora del sexo, a decir verdad: Más comunes de lo que imaginamos...

En lo sucesivo, mi catarsis personal luego de mirar los ojos almendrados y la mirada de susto de un chico de unos 20 años al momento de recibir unas pre y post consejerías y hacerse la primera prueba de VIH de su vida.

Vende su cuerpo a cambio de drogas,
"intercambio de sexo por drogas" es como se le llama.

Nunca utiliza un condón.

No le importa si es un hombre, una mujer quien le contrata
y no ha límites físicos, para lo que se le puede pedir que haga o se deje hacer: "Todo se puede... ¡cuando se llega a un precio!".

Después de cada encuentro dice sentirse como quien ha jugado a la "ruleta rusa", pero eso no impide que siga jugando e incluso, tal vez, nunca será el motivo por el cual decida dejar de arriesgarse.

Intercambia sexo a cambio de drogas y un sentimiento particular de "mea culpa" le hace pensar que merece castigos por sus actos y vive convencido de que un día esos castigos llegarán, ya sea por medios humanos o divinos.

Empezó a vivir en la calle a los 8 años, su madre se llamaba María y vivieron juntos sobre todo durante los últimos años de la vida de ella, hasta que se murió a causa de un cáncer. Desde entonces la calle es su casa y quienes la habitan en su única familia.

Pestañas enormes y mirada penetrante, piel morena y posturas de chiquillo guapo que se sabe guapo.

Cuenta que su mayor clientela son mujeres mayores y hombres a los que les gusta tener sexo con otros hombres. Prefiere que le paguen con drogas, no le interesa el condón de ninguna manera; dice no haberse hecho nunca una prueba de VIH «porque  le tiene miedo a las agujas

Le tiene miedo a las agujas, pero no a los riesgos que toma cada día; opina que a sus 20 años ya vivió suficiente, está cansado, como literalmente lo expresa: «de dar el culo por drogas

Conversación, prueba, entrega de resultado, conversación y adiós.  Ese es el resumen. Cuando se marchó me quedé pensando y concluyo que la única manera de sobrevivir a una espiral como esa, es recurriendo a una especie de aislamiento mental, sobre todo cuando recuerdo sus palabras y su mirada diciendo: «Cada día fumo [crack] todo lo que me es posible, porque de otra manera no podría aguantar tanto sexo...»

¿Cuál Estado?,
¿Cuál familia?,
¿Cuál iglesia?,
¿Cuál Sociedad de mierda vela por los derechos humanos de estos chicos?

Pero el aislamiento mental no es cosa sólo de gente que vive en situaciones extremas de abusos y sufrimientos... las sociedad, las personas que formamos las distintas sociedades, frecuentemente vivimos también metidos en esa especie de burbuja desde donde se puede obviar cosas como las enormes e irreconciliables brechas entre la opulencia y la miseria.

En El Salvador existen los pobres y también los más pobres y miserables entre los pobres.  También existe la gente que quiere hacernos pensar que a fuerza de decir que las cosas no pasan, estas de verdad no pasan.  A menudo se prefiere creer que vivimos en un hermoso país porque así lo dice una campaña de radio, yo creo más bien en aquello que dijo un día el poeta Roque Dalton:  En mi país viven "Los tristes más tristes del mundo" y hoy he querido escribir esto en nombre de uno de ellos, aunque muy probablemente me dio uno falso.

mayo 11, 2012

Cama y mesa

Camas separadas,
Beijo sem calor.
Camas separadas,
Fim do nosso amor
(Lindomar Castilho)


Hace unos días, mientras  me conducía en el bus hacia el trabajo escuchaba esta canción, que me recordó mi ya lejana infancia.  Lo que no sabía es que esa misma canción vendría a mi memoria, unas horas más tarde durante una cena en familia, por una razón que aparentemente no tiene nada que ver con ella.

Aquella noche el sitio elegido para comer era pequeño y había poca gente, la mayoría estaban en las mesas de la terracita a la orilla de la calle, entramos y nos acomodamos mientras alrededor quedaban varias mesas vacías.  Al poco de estar allí llegó una familia (o al menos eso parecía), eran cuatro: una madre (que era la que preguntó a cada quién qué iban a beber), una hija y un hijo (con un asombroso parecido entre los tres) y otra chica que ya puesta a armar la novela, bien podría decir que era una amiga de la hija, una prima o tal vez la novia del hijo en cuestión; se dirigieron al sector donde había mesas vacías y se sentaron.  

Lo que sucedió a continuación es parte de la cotidianeidad en los tiempos modernos en El Salvador y tal vez en cualquier lugar del mundo; es tan usual que ya ni debería extrañarme, pero la verdad es que aunque sea frecuente, algo dentro de mí se niega a reconocerle como "normal"; por eso quiero que sea la base de esta reflexión que desde hace tiempo he querido hacer y, que ha sido motivo de innumerables conversaciones con algunas de mis amistades.

La razón que trajo a mi mente la canción escuchada en el bus y que motiva a contar el suceso es que aquellas personas se sentaron en mesas separadas.

Las parejas quedaron así: las dos muchachas en una y el chico y la madre en otra. Motivo: desconocido.  Suposición: comodidad para no ser interrumpidos. Escena: cada uno tenía en sus manos un teléfono de esos a los que la gente le gusta llamar su Bibi, su Smart(phone), o su Iphone y para más inri, el chico tenía dos.

Como a mí no se me escapan esos detalles, me quedé mirando interesadamente y fue entonces que la canción de aquellas camas partidas sonó en mi memoria y lo siguiente interrogante me asaltó sin aviso: ¿Camas separadas? Maybe.  Pero: ¿Mesas separadas?

A la ligera, lo primero parece revelar cosas más serias que lo segundo; pero ya pensándolo más despacio y reconociendo el principio de realidad de que las camas pueden separarse por muchas diversas razones (sin descartar la agonía de un amor), pero también entre esas razones hay algunas que no tienen que ver con desuniones ni fracasos, y refuerzo mi inquietud con las preguntas que me acometieron esa noche:

¿Estamos ante el ocaso de los tiempos en que salir a comer o beber con más gente era sinónimo de conversaciones, risas, diálogo, escuchas, ojos que se miraban, encuentros cercanos, confidencias y demás?

¿Debemos resignarnos a comunicarnos con la gente por medio de pequeños mensajes enviados a través de medios electrónicos porque definitivamente la capacidad para conversar frente a frente va quedando en desuso?

De tan común que son esas escenas, pienso que los detalles estarían de más, así que nada más voy a decir que en el transcurso de la comida lo que se veía es un chico intercambiando de teléfono cada dos por tres (ahora en la mesa, ahora en la mano), cero conversación y cero cruce de miradas porque los ojos estaban clavados en una pantalla, de vez en cuando alguien mostraba a otro algo de lo que estaba viendo y, por último, hay que reconocer que lo que también hacían era dar una demostración magistral de una de esas destrezas de la modernidad: enviar mensajes con una sola mano, sin mirar las teclas y a la velocidad de la luz (con la otra cenar).

Este es un tema trillado entre mis amigos y yo, incluso con algunos que tienen su propio aparatitos de esos para estar conectados todo el tiempo; pero haciendo uso de mi derecho a quejarme y en nombre de quienes no tenemos esas costumbres quiero hoy decirles con todo respeto: ¡malcriadas y malcriados! y si es usted una persona de esas a las que le encanta vivir "conectada" y ni se dan cuenta de lo mucho que ignoran el mundo que les rodea, si lo prefiere no sigan leyendo, porque aquí le va:

-     Nos molesta sentarnos a la mesa con alguien que no nos hace caso por estar enviando mensajes, ¿Por qué mejor no se ven con la persona con la que hablan por chat? ¿Por qué mejor no se quedan en la casa o salen a solas para ponerse a chatear a sus anchas?
-        Nos molesta que estando en el cine, el teatro, un concierto o cualquier otro evento de esos donde se apaga la luz para que no interfiera con el espectáculo, la gente se sienta con el derecho a subir la mano y empezar a grabar con la luz de su aparatito telefónico alumbrando hacia el público sentrado atrás de ella… ¡Nos enoja!, nos dan ganas de pedir que les saquen, que establezcan lugares separados para quienes quieren solamente disfrutar y para quienes quieren grabar todo y perderse con ello los detalles…
-        Nos asusta ir en el carro con alguien que además de conducir quiere ir enviando mensajes (¡aunque digan una y otra vez que pueden hacer varias cosas al mismo tiempo!)

Cuando veo gente en los restaurantes que no hablan, no se miran, y ni siquiera ponen atención a las personas con quienes comparten por estar escribiendo en su teléfono, siempre pienso que lo que sucede en realidad es que, o ellas y ellos están en el sitio y con las personas equivocadas, porque sin duda esas con las que conversa por el medio electrónico son más interesantes, más importantes, o simplemente de mayor prioridad que estas que han tomado un tiempo para un encuentro "en persona", o bien por otro lado, las personas que dedican un poco de su tiempo a personas como esas, están en realidad perdiendo horas valiosas con gente mal agradecida.

Es cierto que hasta hoy eso de las tecnologías telefónicas no ha sido nunca, ni mi pasión, ni mi fuerte; sin embargo espero que -tenga el aparato que tenga- me acompañe la suerte de quienes a pesar de todo no pierden el interés por el mundo que les rodea.

Hasta la luna de estos días  (la "Súper luna" le llaman) siempre he pensado que la comida es un compartir que construye y fortalece las relaciones entre los seres y a menudo me siento agradecida por  la dicha de haber crecido en una familia, donde parte de la educación consistió en "comer en la mesa" y más aún, que la hora de comer es la misma para todas las personas que estábamos en la casa.  De esa forma aprendí a disfrutar tanto las comidas compartidas, como la sobremesa.

Sé que hoy ya no contamos historias alrededor del fuego como antes, porque la verdad es que ya ni siquiera encendemos el fuego, es decir, reconozco que los tiempos cambian y también reconozco que a mí me cuesta mucho adaptarme a las nuevas cosas, acaso por sentirme a menudo tan hija de los tiempos de antes. Sin embargo, espero que aún falte, por lo menos el tiempo que me reste de vida, para que eso de conversar se vuelva un arte exclusivamente de un chat… mientras tanto, respondo a mis preguntas de aquella noche de esta manera:

¿Camas separadas? por mi parte espero que NO; porque soy una persona que opina que dormir junto a alguien es rico y admiro a los viejos que siguen haciéndolo hasta el final... (Romántica de mí...) 

¿Mesas separadas, o una sola pero con mi acompañante necesitando utilizar el tiempo en que estamos juntos para atender los asuntos externos desde su teléfono? ¡NO!; Y si eso ocurre prefiero levantarme e irme a otro lado. Eso no es negociable.  He dicho.

"♪♫Camas separadas, besos sin calor, camas separadas, fin de nuestro amor♫♪"

febrero 24, 2010

Ocupemos nuestro espacio...

«Avisa, 'visa, 'visa; muévase muévase; pase para atrás; le voy a dar tiempo para que se baje; atrás va solo; o camina o se baja; muévase un poquito; tópense que llevan ropa (...)»

Como si no fuese suficiente con los ladrones, los conductores alocados, y los cobradores abusivos, las mujeres tenemos que enfrentar otro tipo de situaciones que si bien no nos despojan de nuestras pertenencias ni ponen al filo de la navaja nuestra vida lo cierto es que nos dejan la marca del ultraje y la sensación de haber sido abusadas y de una manera que si es leída correctamente no dista mucho de una auténtica violación al cuerpo y a la moral.

En psicología se llama "frotteurismo" cuando se refiere al hecho como "un trastorno", a mí me molesta que a los abusadores se les clasifique como enfermos en lugar llamarles como es debido "idiotas y sin vergüenzas"; por eso cuando pienso en esos hombres que se suben a un bus para aprovechar lo estrecho de los pasillos para excitarse mediante el roce con las mujeres que también van como pasajeras prefiero decir que son cabrones y libidinosos y a su acto le llamo cobardía, indecencia, obscenidad o en resumidas cuentas: Abuso. Creo además que por su realización debería existir una pena que deje en evidencia su tendencia irrespetuosa, bajera y sin escrúpulos.

No creo que haya ninguna mujer utilice los buses del transporte público que no pueda contar más de una anécdota al respecto, ¿cuántas veces viajando en un bus del sistema de transporte público en El Salvador las mujeres no nos hemos literalmente "topado" con un sin vergüenza que sin miramientos roza sus genitales en nuestras nalgas, piernas o brazos?, ¿cuántas veces sentadas junto a algún hombre no hemos tenido que ir o muy pegadas a la ventana o casi cayéndonos o sobre la persona que va de pié junto a nosotras porque nuestro compañero de asiento lleva sus piernas abiertas de par en par como si de aferrarse a la fantasía de llevar algo muy grande en medio de ellas dependiera su vida y por eso es incapaz de cerrarlas.

Este es un grito de batalla amigas y amigos. Vale la pena intentarlo. Hagamos al menos el esfuerzo para evidenciar que esto pasa, que las mujeres estamos hartas y que no es bajándonos del bus o inventando cada día otro doblez contorsionista que lo vamos a parar... Necesitamos defendernos y que nos defiendan, necesitamos ser solidarias entre nosotras y que los hombres que no hacen estas cosas sean también solidarios.

Hay que dejar de aguantar en silencio y salir de ese observatorio sin acción: "hoy vi a una chera a la que la iban tocando por todos lados en el bus"; "hoy un chavo casi se sube encima de una chera que iba parada en un bus que iba lleno"; "hoy una mujer se puso a pelear con un hombre que la iba tocando en el bus y toda la gente se le quedó viendo"; "a una compañera de mi trabajo hoy un hombre en el bus le metió la mano debajo de la falda, la arañó y hasta le sacó sangre de la fuerza con que la tocó".

¡Esto es intolerable, BASTA!

¡Qué no nos toquen!

¡Qué no nos manoseen!

¡Qué no nos ensucien!

No somos juguetes sexuales, abajo del bus los abusivos por la dignidad de las mujeres. No más manchas a nuestra dignidad. No nos hagamos a un lado: OCUPEMOS NUESTRO ESPACIO.

Continuará...

enero 28, 2010

Puertas abiertas



Uno no escoge el país donde nace: pero ama el país donde ha nacido.
Uno no escoge el tiempo para venir al mundo;
pero debe dejar huella de su tiempo.
Nadie puede evadir su responsabilidad.
Gioconda Belli.

Hace unas semanas recibí el e-mail de mi amigo Massimo P., y era la respuesta a uno que yo le había enviado, donde en algún momento le dije que "ojalá un día se dejara venir por El Salvador..."

Sus palabras eran claras: "Yo quería ir con Marina en Salvador, pero confieso que tengo un poquito miedo (por ejemplo, de tomar un autobús...)."

Digamos que eso me dejó pensativa. Creo que me escribió eso porque leyó mi artículo titulado "Nuestro tránsito de cada día" sobre los peligros que involucra subirse a un bus en este país.
 

Hace un tiempo Kath que junto a Miguel vivieron hace algunos años en El Salvador y actualmente viven y han formado una familia en Bolivia me decía algo similar: "a nosotros nos gustaría mucho volver pero con un hijo, te haces paranoico y ya piensas sólo en eso, dónde quieres que crezca, qué quieres que aprenda... Aquí se respira una paz en ese sentido que no sé cómo nos sentiremos otra vez en C.A."

Y bueno, yo quiero hacer en este punto del camino, un acto de contrición -como quien dice- y reconocer primero, que las situaciones son ciertas, pero a la vez, el "mea culpa" también es cierto, por dar a veces la idea de que quienes vivimos en este país lo hacemos porque no nos queda de otra...

A ciencia cierta este es un país como muchos, pero muchos muchísimos en el mundo, donde no sólo se puede vivir, sino también hacerlo de la mejor manera que a cada quien le es posible. A algunos les cuesta más, a otros menos… como en todo sitio supongo.

Hace tiempo que este asunto me viene rondando la cabeza y ahora presento algunas razones por las cuales vivir aquí, o venir para conocer, vale la pena:

- En este país hay delincuencia es verdad, hay robos en los buses muy a menudo, es cierto, hay tristemente una cantidad muy grande de gente que muere a diario por homicidio; pero hay miles de personas que salimos cada día a la calle, hay otras miles que viene de visita, todas hacemos las cosas cotidianas de la vida, nos movemos libremente y pues, no a todas ni a todos nos pasan cosas malas cada día...

- El calor es mucho y de variados tipos: tanto de ese que nos proporciona el sol que abraza durante el día y permite tener ganas de ir a la playa, o comerse un helado de mango... como del que hace que la gente se sienta querida e importante.

- Lo que marca son las personas no los lugares. Muchas veces en un determinado país lo mejor que uno encuentra no es una comida o un paisaje, sino la gente que lo habita, y EL Salvador no es la excepción. Aquí hay gente que obra mal, políticos corruptos, ladrones, mareros y asesinos; pero esos son algunos y no la mayoría de los salvadoreños.

- La gente salvadoreña es por norma general amable. La sonrisa nos es fácil y hasta hay que reconocer que aquí "nos reímos por todo", incluso por aquellas cosas que no nos deberían causar risa. 

- Tal vez por pura suerte, pero tenemos poca vocación de "sufridos" y no sabría decir con certeza pero quizá sea que a fuerza de enfrentar la vida con todas sus vicisitudes, terremotos, guerras, abusos de muchos tipos, hemos aprendido a poner siempre la mejor cara ante cada situación y por eso al ir por la calle en lugar de esas caras alargadas de gente que ve sin mirar a menudo los salvadoreños encontramos una sonrisa. Aquí decimos "buenos días", cuando caminando por la calle nos encontramos de frente a alguien, aunque sea un desconocido. Recuerdo a Juan, un español que estuvo por un tiempo viviendo en EL Salvador y solía decir que aquí había aprendido "a sonreír", un tiempo después de haber regresado a su país me envió un e-mail contando que la velocidad de Madrid ya le estaba llegando pero que él todavía conservaba la sonrisa...

En esta tierra se nos acusa de ser un poco metiches y con justa razón. Aquí abrimos bien los ojos cuando frente a nosotros hay algo (o alguien) que nos llama la atención, si vamos por la allí y alguien intenta dar una dirección pero notamos que no sabe bien dar la indicación nos metemos directamente (con y sin permiso) y como si de un asunto nuestro se tratara nos aseguramos de que la ayuda sea efectiva. En ese afán somos capaces de incluso caminar desviando un poco nuestro camino si leemos en la expresión de quien pregunta, que no alcanza a entender las coordenadas de nuestro dedo indicando "de aquella esquina a la vuelta, sube un poquito y vuelve a cruzar..."

En El Salvador pasan cosas que nos sobrecogen pero, "a las cabales", como decimos por aquí: No somos los únicos en el mundo. En el metro de Roma una mujer inmigrante murió cuando una pasajera le apuñaló con un lapicero por la espalda; En Estados Unidos niños matan niños a tiros en escuelas; en México el narcotráfico gobierna poblados; en Guatemala la delincuencia aunada con las pandillas y el tráfico de drogas mata gente todos los días; en España el racismo, la violencia y la xenofobia; en Bagdag bombas matan personas en grupo; en Colombia la guerrilla; en Italia la ley dice que ser ilegal, es igual a ser un delincuente; etcétera... Y esos son tan sólo algunos ejemplos, ante los cuales tengo una sola pregunta: ¿Podemos decir que estamos a salvo sólo porque nunca hemos visto morir a alguien en la acera de nuestra casa?

En el mundo globalizado las cosas malas también son muy parecidas. Hay delincuentes, ladrones, mafiosos, narcos, corruptos, locos, etc. Y a todos los sitios llega mucha gente de visita y miles de miles de personas tienen sus hogares fundados en medio de las circunstancias y situaciones que les toca enfrentar de cualquier manera. En El Salvador y en el resto del mundo cada día la gente se levanta por la mañana y se va a la escuela, al trabajo, de paseo, al cine, al mercado, a una cita de amor, a encontrarse con los amigos, a darle una mirada a la familia, a recibir el cálido abrazo de una madre, de un padre, en fin…

Y cada día en todo el mundo hay hechos que no tienen una explicación:  ¿Por qué una persona se suicida y encima mata a muchas otras en un centro comercial? ¿Por qué una madre mata a sus hijos? ¿Por qué la guerra, el hambre, la inseguridad, la violencia, el empobrecimiento de los pueblos, la naturaleza inclemente o la voracidad descontrolada de los seres humanos? Es que podemos escribir libros sobre cada tema y tal vez ninguno tenga la respuesta completa. Siempre habrá vacíos, siempre habrá más preguntas que respuestas, pero en medio de todo, cada día el sol vuelve a salir y la esperanza se renueva, las madres y los padres luchan por sus hijos, los hijos aprenden a vivir su propia vida, dos deciden amarse hasta la muerte, otros deciden redireccionar su camino y empezar uno nuevo, algunos reciben la caricia de una leve brisa y piensan que no se puede ser más feliz que ellos en ese momento...

El punto es que El Salvador es lo bueno y lo malo. Hace muchos años, un hijo que tenía 16 años sin ver a su padre, que vivía en El Salvador en el final de los años 80's le respondió "es que en El Salvador mucho matan" a la pregunta de ¿Por qué no venís a vernos? que le hizo su progenitor y sé de viva oída que la respuesta del padre fue "si tan sólo así fuera ya me habrían matado a mí ¿no crees?". Respuesta espontánea a una afirmación con sabor a excusa mala y creo que eso mismo es lo que intento decir hoy con este escrito.

Las cosas pasan pero la vida sigue y en El Salvador no solamente sobrevivir es posible, también es posible la vida, es posibles la risa, es posible el canto, como también lo es la lluvia, encontrar amigos, leer un libro, tomarse un buen café, fumarse un cigarro, irse de copas, formar una familia, compartir calor de hogar, tener un trabajo, dormir bajo las estrellas, compartir noches de vino de amor y de luna, estudiar una carrera, creer en Dios o volverse ateo (mantenerse ateo es más difícil pero ese es otro tema) también se puede soñar, subir volcanes, bañarse en la playa, ponerse metas, alcanzarlas y dejar que de vez en cuando la vida nos cuente un cuento y nos sorprenda... 

Vivimos inmersos en una realidad concreta pero ¿no es igual en cada país del mundo? aquí hay que abrir los ojos y estar alertas para que no nos roben la cartera, hay que ser prudentes para conducirnos y tener cuidado en ciertos lugares especialmente al caer la noche, subirse a un bus es una aventura pero en paralelo hay una pasión palpitante por la vida, héroes, cabrones y santos, un pasado que vale la pena recordar (aunque sea para no olvidarlo) y una historia que huele a futuro y que escribimos día a día quienes habitamos esta tierra tan llena de contrastes como de verdes infinitos, este es un terruño de sonrisas que encierra grandes motivos para estar, para marcharse, para volver y para venir y desear quedarse.

En El Salvador se ama y se lucha y muchos se preguntan ¿cómo se hace?, ¿cómo se vive y se es feliz en medio de todo? No sé la respuesta pero me atrevo a decir que no es solo una, son muchas pero no es posible puntualizar porque hay que estar aquí para palparlo, porque no se conoce un país leyendo informes de desarrollo si no caminando por sus calles, conociendo a su gente, oliendo sus olores, probando sus sabores, metiéndose en sus aguas y abriendo bien los ojos con el corazón dispuesto a mirar pero "mirando" o como dijo el reconocido escritor colombiano: "vivir para -luego- contarlo".
Querido Massimo, Querida Kath, amigas y amigos: El Salvador les espera…

abril 22, 2009

Nuestro tránsito de cada día...

Andar en bus.
Dicen que para muestra, un botón es suficiente:

¿Por qué tiene que ser así?
Esa es la pregunta que Verónica, una de mis compañeras de casa hacia un día de estos respecto a la sencilla acción diaria de utilizar el servicio de transporte público en El Salvador. Al respecto aclaro que la Vero no se refería a ¿por qué tengo que andar en bus? (!!) Sino a: ¿por qué tiene que ser así, que se tenga siempre tanto miedo y sospeche de todas las personas que se suben al bus en el que una/o se transporta?.

Las pasajeras y los pasajeros
Es que actualmente y desde hace un tiempo en El Salvador, tal vez con el acento puesto en la ciudad de San Salvador y algunos trayectos entre departamentos, cada día parece una proeza y ya hasta se ha vuelto tema recurrente de conversación en los lugares de trabajo y en la casa: “venía en el bus y… se subieron unos ladrones! Pero gracias a Dios me libré porque logré bajarme antes…”, “hoy iban robando el bus pero no llegaron hasta donde yo estaba”. Eso en el mejor de los casos, cuando no la historia puede ser algo así como "Me robaron el celular y este es el 6º que me roban en 3 meses !!! o bien: “hoy se subieron al bus pero ‘no robaron’ sólo nos pidieron $1.00 por persona…”

Entendiendo que el pedido no es ‘si usted gusta’ ni en el tono del bien educado ‘por favor’ sino más bien sustituyéndole por un atento: “y quién no lo de que se atenga a las consecuencias”.

En mi caso particular en lo que va del año último año me ha tocado bajarme de un bus a los 5 minutos de haberme subido y probar suerte subiéndome a otro, entregar "voluntariamente" una cuota de esas que son fijas por persona luego de que alguien se sube y dice algo parecido a: “somos varios, estamos armados, que nadie mire hace atrás y en este momento voy a pasar por cada asiento recogiendo x cantidad por persona” Por supuesto: lo entregué, pero es que ¿alguien que lo ande no lo entregaría? Y la pregunta del millón: ¿qué pasa si alguien no anda la cantidad que piden? ¿Se pide un crédito, se entrega la tarjeta -clave incluida-? bueno, si con eso se va a salvar la vida capaz y hasta se les acompaña al cajero automático...

Entre mis amigas y amigos sé de robos a mano armada, exigencia de cantidades específicas de dinero por persona, robos de celulares (exclusivamente), amenazas violentas con granadas de mano, con pistolas, cuchillos y en el pasado mes de marzo uno de los compañeros de trabajo de un amigo murió apuñalado porque en medio de un asalto en un bus se puso nervioso y no cumplió la orden de “no levantar la cabeza…”.

El Miedo
Hace un tiempo, la señora que venía a planchar a casa de mi mamá me contaba que le habían diagnosticado Hipertensión y Diabetes y muy a la manera de eso que se conoce como ‘sabiduría popular’, me decía algo parecido a lo siguiente:

“los doctores dicen que es porque una no se cuida, que no hace ejercicios ni come bien que se enferma, yo digo que no, que eso de que ahora medio mundo padezca de la tensión alta y de la diabetes se debe al miedo que siente cada día cuando se sube a los buses y va con el alma en un hilo pensando que en cada parada se va a subir un ladrón, y mire no es por lo que le van a robar, es porque a veces eso no les basta y matan a la gente por nada… porque no anda $1.00 para darles, porque el celular es de los baratos, porque les miró a la cara, porque ellos andan nerviosos, por lo que sea uno puede terminar allí muerto por el tan sólo hecho de haberse subido a un bus y que lo asalten”.

Tal vez en el fondo esta mujer que lava y plancha ropa ajena y por ello se mueve cada día a distintos puntos de la ciudad tenga la razón que da la propia experiencia, es decir, vale para uno mismo pero no para hacer absoluto un supuesto... sin embargo, respecto a estas cosas ¿serán posible las respuestas correctas?, ella es sólo una más entre miles y miles de personas que cada día de una u otra manera salen de su casa y viven la vida en medio de la ciudad y sus autobuses, con los ladrones y sus razones, con la buena o mala suerte que acompañe y esa es su opinión.

Pero más allá de si la niña Rosa está en lo correcto, hay una cosa que sí es verdad, en El Salvador lo común cuando se viaja en bus es cierto estado de alerta aunque parezca que se va de lo más relajado del mundo... Puede que veamos por la ventana, que que algunas personas incluso lean o se duerman vencidas por el cansancio y los trayectos que se prolongan a veces por horas cuando normalmente duran un tercio de aquello, que se vaya conversando y riéndose con otras personas pero hay siempre un estado interno que nos hace agudizar los sentidos y no quitar el ojo ni bajar la guardia...

Son estados de francas paranoias que afortunadamente no siempre se ven reforzados por el acontecimiento temido, pero muy a menudo eso si: se sienten palpitaciones en el pecho, un tremendo hoyo en la panza y mucho miedo cuando en cualquier punto del camino alguien se sube y alza la voz para dar un mensaje.

A veces se trata tan sólo de vendedores de dulces, postales, llaveros, bolígrafos y muchos otros objetos curiosos de esos que fabrican en el llamado Gigante de Asia. Otros no venden nada pero tampoco quiere robar, más bien invitan a aceptar a Cristo y salvar el alma... pero claro, nos e bajan sin solicitar la colaboración respectiva para seguir predicando la Palabra. Otras veces tan sólo se trata de alguien que quiere contar una historia para ver si alguien se anima ayudarle, pero en sociedades donde se convive con el miedo a niveles elevados, hasta de los payasos que se suben a contar un chiste se desconfía.

Pero yo me pregunto ¿cómo se hace entonces, cómo se vence ese miedo? Cuando se ha atestiguado o sido víctima de tantos atracos y se sabe que cuando alguien se sube a un colectivo y dice "esto es un asalto y al que se mueva lo mato" no está bromeando y tantas veces gente pagó con su vida el haberlo dudado ¿será posible bajar la guardia y simplemente transportarse en los buses y micro buses en franca paz y tranquilidad?

Al volante
No soy ninguna fans de los motoristas de buses y micro buses del servicio de transporte público, es decir, también formo parte de las miles de personas que opinan que en definitiva aprendieron a manejar en escuelas donde les enseñaron todo al revés:

"No se respetan las señales No se disminuye la velocidad en los cruces El rojo en el semáforo indica que hay que pitar para que los otros sepan que de todas formas se va a pasar La mejor forma de manejar es con la música estridente a todo volumen y a toda velocidad durante la jornada sobre todo en horas pico la idea es competir por llegar antes a la siguiente parada protagonizando auténticos ralis en medio de la ciudad y con las unidades de transporte llenas de personas de todas las edades" (¿?)

Sin embargo Reconozco la profesión como una no sólo importante sino casi indispensable para el funcionamiento de la sociedad y la vida en general Reconozco que esos mismos que tantas locuras hacen al manejar son también personas que cada día salen a trabajar y que intentan cumplir sus metas laborales diarias para obtener así la retribución monetaria con la que mantienen su vida y a sus familias Reconozco que no debe ser fácil andar todo el día manejando, con el estrés del tráfico, lidiando con todo tipo de gente (la delincuencia incluida) y Reconozco además que en El Salvador —igual que sucede trágicamente en Guatemala, Honduras, Nicaragua y algunos otros países hoy por hoy- ser motorista o cobrador de bus ha tomado el tinte de “Trabajo de Altísimo Riesgo” y no por las situaciones de peligro que tenga que ver con carreteras y accidentes sino por el peligro de morir en asesinado en cualquier momento.

En El Salvador cada día entre 12 y 16 personas aproximadamente mueren por esta causa según datos oficiales, y cada semana sabemos de por lo menos un asesinato de motoristas y cobradores de buses y/o micro buses

Números
Según Mapeo de la Violencia” (Carcach, Carlos Dr., 2008) y los informes sobre “Delitos de homicidio” de la Mesa Técnica conformada por la PNC, la Fiscalía General de la República y el Instituto de Medicina Legal:

En El Salvador entre 1975 y 1991 se contabiliza que murieron alrededor de 75,373 personas. Desde que se firmaron los Acuerdos de Paz en 1992 hasta el año 2008 murieron 75,483. Es decir, en 17 años de Paz han muerto más personas por causas violentas que las que murieron durante la guerra.

A ese número hay que sumar las que ya en el año 2009 han muerto bajo la causa de homicidio por distintas circunstancias y entre ellas la más alta es ‘sin razón justificada’. Cada día hay entre 12 y 16 asesinatos, es decir, por lo menos 84 por semana, igual a 336 por mes, y como ya llegamos a abril eso nos invita a cerrar el mes de marzo con la alarmante cifra de más de un mil homicidios y eso sólo si contamos 12 por día y no tomamos en cuenta hechos como que en marzo hubo una semana donde entre el lunes y el domingo ocurrieron 99 muertes por causas violentas de acuerdo a los datos proporcionados por la Policía Nacional Cívil y que fueron publicados en los principales periódicos del país, o que casi 100 personas murieron asesinadas durante la Semana Santa y además hubo un hecho concreto dentro de un bus que estuvo -tristemente- en primera plana en esos días:

"A las 5:30 de la madrugada del sábado 11 de abril de 2009 (sábado de Gloria), un autobús de la ruta 52 que hace su recorrido en sobre una de las alamedas más transitadas de San Salvador fue asaltado por varios hombres armados. Uno de los pasajeros estaba armado y en un arranque de heroísmo, defensa personal, o quizá “sintiéndose valiente porque portaba un pistola” pues la sacó, alentó a los demás para que se defiendan y dentro del bus se armó una balacera descomunal. Resultado: el mismo pasajero que sacó el arma con un balazo en la cabeza y 6 personas más fueron a dar a cuidados intensivos, una mujer que iba sentada junto al primero murió en el instante, otro de los pasajeros murió camino al hospital y uno de los ladrones fue herido y capturado junto a 2 más en el hospital donde le llevaron…"

Claro está que no todas esas personas que mueren por causas violentas han muerto dentro de buses o micro buses, pero sí muchas, muchas, muchísimas y sobre los asaltos no hay estadística que valga, porque no hay denuncias, tan sólo "el cuento de cada día".

Pero las personas somos más que números formando estadísticas, detrás de cada una y cada uno hay sueños, emociones, sentimientos, relaciones, vidas que vivir…

Por eso para mí, cada asalto es un hecho puntual, triste, único, desafortunado e injusto y cada muerte por violencia pero más aún cada muerte dentro de un bus es algo que no tiene forma de explicarse, es algo que no tiene sentido.

Más que números
Hasta donde tengo entendido, ni El Salvador, ni Honduras, ni Guatemala y tampoco Nicaragua están en guerra, por lo tanto las muertes violentas son en su mayoría de gente común, gente que salió a trabajar un día, que fue de compras, que salió a visitar a alguien, que se encontró con amigas, amigos o familiares para departir, que salió a estudiar o a vender, o que simplemente se subió a un bus con la intención de ir a alguna parte como "Don Tano" el compañero de trabajo de mi amigo Roberto de quien he hablado antes, una persona llegando a la edad en que le tocaría jubilarse, que trabajó toda su vida productiva, aportó su esfuerzo para hacer caminar a este país, tal vez formó una familia, vivió sus etapas y en el momento en el que empezó a soñar con el merecido descanso gozando de los beneficios de una justa jubilación el azar le hizo elegir un bus, protagonizar uno de los diarios episodios donde la frase “esto es un asalto” cambia la historia, ponerse nervioso, levantar la cabeza, recibir una puñalada y morir desangrado sin llegar ni a su último día de trabajo, ni a las actividades que se propuso hacer durante su tiempo como jubilado, ni al destino que se planteó en el momento en que decidió subirse a ese bus ni a ningún otro lado.

Todo porque en El Salvador (repito como en otros lugares de la Región) subirse a un bus ha pasado de ser una monótona actividad cotidiana a una parecida a jugarse la suerte mientras se camina en medio un nido de serpientes en puntillas para poder llegar a alguna parte todos los días: procurando tener cuidado, no molestarlas, no pisarlas, hacernos invisibles a sus sentidos mientras rogamos para que no se despierten, que si se despiertan no nos vean, no nos perciban, no intenten hacernos algo porque si es así tal vez no haya negociación que valga.

Pero como eso es lo que hay y la vida hay que vivirla cada día pues hay que subirse de nuevo al bus y cargar con los miedos y con el agujero en el pecho cada vez que algo se sale de lo normal, con las miradas de quienes ya van dentro que nos escudriñan con la intención de saber por pura corazonada si nos hemos subido a atentar contra su integridad o somos tan sólo una o uno más de los miles que sólo quieren ir a alguna parte.

Hace algunos años, hablando con mi amigo R. Valencia recordábamos algunos episodios de los que vivimos durante la guerra y él me dijo que después de todo aquello, tan normales no podemos ser. Yo ahora le robo la frase y la aplico a las generaciones actuales que formamos la sociedad salvadoreña -y que tal vez se llame las generaciones de la post guerra, porque efectivamente tan normal no se puede ser cuando cada día hay que enfrentar cosas tan inexplicables y fuera de toda lógica como exponer la vida por el sólo hecho de subirse a un bus...

Definitivamente, hay cosas para las que no hay explicación válida posible, pero que sin embargo somos un pueblo que cada mañana abraza a la vida, sale de la casa y enfrenta y supera sus miedos. Que ha aprendido a hacer borrón y cuenta nueva con cada trayecto concluido sin novedades, que se encomienda a Dios, a las once mil vírgenes, a las constelaciones, al Feng Shui, al zodiaco, al cosmos, a las vidas pasadas o a las futuras o en resumidas cuentas a quién sea que sea aquello que hace creer en un algo más allá de las propia fuerza. La gente que anda "a pie" y tiene que utilizar el transporte colectivo parece haber desarrollado un olfato de felino, y cuando la logra ver venir si puede se baja del bus, si no pues nada más entrega el botín, total en un país donde gente ha muerto porque le pidieron $o.15 ctvs. y no los andaba... está claro que se puede intentar ser más valiente, y negociar que por lo menos dejen los documentos, pero por mi parte tengo que reconocer que no tengo nada que negociar con alguien que porta un arma y quiere mi cartera, en tanto sea sólo eso y no me pida cosas como por ejemplo que "le acompañe" pues que se lleve lo que quiera...

De verdad a mi me sorprende cuando alguien me cuenta que se atrevió a mediar con algún asaltante como: "déjame mis documentos" y lo han conseguido. Por otro lado me enojan quienes portan armas –aunque digan que es para defenderse- porque creo que es muy difícil prever las consecuencias en el momento de utilizarlas. También me enojan mucho las autoridades responsables de la seguridad. Los Planes Mano dura y el plan "País seguro" que nada más revuelven el agua... Me frustra mucho tener que vivir de la mano con tantos temores y s
é que no soy ni seré nunca alguien que siquiera intente negociar en un asalto, por eso cada día, como la mayoría de personas simplemente me encomiendo al Dios en el que creo y le pido nos libre y proteja tanto a mí como a mis seres amados…

No estoy orgullosa de vivir en uno de los países más violentos del continente, el más violento para ser exactos, pero estoy muy clara en que vivo rodeada de gente valiente. Dicen que vienen mejores tiempos, en marzo la mayoría de habitantes de esta sociedad democrática votamos "Por un cambio" y yo conservo la esperanza de que así será aunque sea muy poco a poco. Como soy optimista espero no sólo tiempos mejores sino hasta que tal vez ¿por qué no? un día caminar por allí o trasladarnos en bus sea una experiencia normal y cotidiana, como debe ser , como es –y la suerte me ha permitido verlo- en otros lugares donde seguro habrá otro tipo de peligros y sinsabores que enfrenta la gente pero un trayecto en bus es algo tan sencillo como comprar el boleto, subirse, mirar el paisaje, leer, dormir o mirar a la gente, llegar al destino, bajarse y punto. En algunas horas quizá vaya lleno, seguro la gete se aprieta una contra otra y de vez en cuando al más distraído le roban la billetera... pero es que aquí lo que se roban es la vida y así no es. ¡Basta!

Los motivos
Quiero decir que este artículo ha sido escrito En nombre y memoria de las incontables víctimas de asaltos en cualquier medio de transporte colectivo y en denuncia porque a menudo esos robos y esas muertes quedan impunes a pesar de que incluso como ciudadanas y ciudadanos sabemos horas y rutas de mayor accionar delincuencial.

No escribo esto para hablar sobre la delincuencia y sus motivos de fondo para existir y florecer en El Salvador (sobre lo que seguro hay mucho que decir y mucha tela para cortar) sino con el ánimo de hacer visible el vaivén de emociones que suceden dentro de una unidad del transporte colectivo en El Salvador, y hacer notar que la lucha diaria por la vida en países como éste suele llegar más allá de trabajar y cumplir con las responsabilidades y obligaciones de cada quien, porque aquí la gente todos los días “saca la casta” y aunque hoy haya sido víctima y/o testigo de un asalto, un amago de asalto o haya tenido una pistola apuntándole directamente, mañana el sol vuelve a salir y dejando la experiencia en el apartado donde se guardan las anécdotas se sigue adelante, se vuelve a la parada, se sube al bus e intenta vivir la vida de la mejor forma que le sale…

¿No sé qué imaginan ustedes cuando escuchan decir que vendrán tiempos mejores? pero y
o por ahora imagino un tiempo donde no sé si habrá menos robos (ojalá), pero sí menos muertes y la impunidad dejando de ser la eterna compañera que abandera tantas pero tantas injusticias.

enero 26, 2008

Hay cosas que no cambian

En los años ochenta en El Salvador, vivíamos lo que ahora se conoce como "los años de la guerra" y entre otras cosas que mi mala memoria puede recordar, no olvido que "de la guerra no se hablaba", es decir, ese era un tema tabú, porque por andar hablando muchos perdieron la libertad, otros el derecho a vivir en su tierra al lado de su gente querida. Y claro, muchos otros perdieron la vida. No se trataba de hablar para inculpar a alguien, se trataba del simple hecho de comentar cosas como que "anoche escuchamos algo", "vimos algo", "vivimos algo" fuera de lo normal. Por ejemplo, de vez en cuando fuera de mi casa se escuchaban disparos, gente corriendo, susurros, gritos ahogados, balazos cerca... lejos. Amanecía y por lo general no amanecía ningún muerto, aunque alguna vez no fuera el caso, pero si lo fue, familias enteras desaparecían como por arte de magia de la noche a la mañana, se sabía de algún joven que había sido sacado de su casa y luego acribillado a tiros en la calle, pero muy pocos, aún ahora pueden recordar algo más que el hecho de haberlo sabido... porque seguramente en esos momentos nadie salió, y si por azar se enteraron de algo más probablemente lo borraron de un plumazo de la mente para no tener la tentación de comentar con quien fuera el hecho... no fuera a ser que la próxima familia desaparecida fuera la propia. Yo algunas de esas cosas las recuerdo vagamente porque sucedieron cuando era pequeña y hay que ver la esfera de cristal intraspasable que muchos de nuestros padres construyeron a nuestro alrededor..., pero como hay hechos concretos que no olvido he intentado sacar de los resquicios de la memoria de mi mamá algo más de información que me ayude a reconstruir mi recuerdo, pero ella tampoco lo recuerda bien, pareciera ser que el ver morir a gente que se ha visto crecer y familias huir sin dejar rastro hubiese sido un hecho tan "trivial" que ahora ya no nadie se acuerda... aunque lo de trivial lo digo de forma irónica... porque ya sabemos que en realidad de lo que se trata es del miedo. Como siempre, mejor es ni abrir la boca, de todas maneras mucha de esa gente se muere precisamente por hablar de lo que ve, de lo que escucha.

Pero pasa que a veces siento que hemos vuelto a vivir esas épocas de los años 80 cuando, al menos en la capital que era donde yo vivía no se hablaba CON NADIE! de "esas cosas", principalmente porque uno no sabía "de qué color?" era por dentro la persona que tenía enfrente, o la que iba atrás de uno/a en el bus, o los que estaban sentados en la mesa de al lado en un lugar público... y así entonces la represión era "la reina del carnaval".

Recuerdo en mis años de adolescente cuando empecé a tener contacto directo con gente que tenía el corazón teñido de rojo, primero en mi parroquia en la que había comunidades eclesiales de base y había todo un movimiento insurgente que apoyaba de una u otra forma la lucha de la entonces guerrilla salvadoreña. Se intentaba vivir bajo los preceptos de la "Teología de la Liberación", el vaticano repartías cartas ofreciendo excomulgaciones, los sacerdotes, catequistas, maestros y todo aquel que supusiera un cerebro un poco más allá del común denominador adquiría el mote de "sospechoso" y uno podía morir por el simple hecho de ser encontrado caminado por allí con una Biblia bajo el brazo. Muchas de las personas que conocí en esa época lucharon en trincheras, en imprentas, en el campo, en la ciudad, algunas desde el púlpito, otras en el exilio, y otras con los sencillos deseos de aquellos que soñaron un día con que El Salvador sería alguna vez un país donde se podría vivir en paz y con justicia social. Muchos muchísimos ya no están, pero aún así, la utopía esta lejos por estas tierras, pero como bien dice Galeano "tal vez simplemente se trate de que "La utopía está en el horizonte, camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar".

Bien, pues la guerra como tal, sus razones y no-razones ya no son vigentes, hace más de 15 años se firmó la paz pero sin embargo, El Salvador sigue inmerso en la violencia, la gente sigue desapareciendo de sus casas de la noche a la mañana, siguen muriendo jóvenes y yo me pregunto, ¿en qué etapa vivimos? porque hace años la llamaban "posguerra", pero sinceramente yo no sé cuánto tiempo se puede hablar de "posguerra", es decir, cuánto tiempo será posible seguir pensando que lo que uno ahora vive es por esa causa, lo que sí sé es que aunque hubo cambios luego de la firma de la paz, ahora, es decir, en el presente, vivimos nuevamente una época donde 'ha vuelto la reina' y ante todos los hechos violentos, muchos de ellos culminados en muertes sin sentido y a veces hasta escalofriantes existe un silencio masivo... un día una joven es violada en plena calle y a la luz del día por 5, 6, 7, 15 jóvenes, algunos en edades que se pueden considerar infantiles, al final la matan, le ponen un cartel donde se explica que era un ajuste de cuentas entre pandillas, pero no que nadie intente sabe más... porque sencillamente "NADIE VIO NADA", porque ver implica una responsabilidad demasiado grande, entonces, como lo describiera perfectamente Saramago en su Ensayo sobre la Ceguera, "cuando en una sociedad (cualquiera) domina el pánico, sus habitantes, sin excepción, construyen muros invisibles desde los cuales nadie duda en sobrevivir a costa de la vida de otros", y así, me doy cuenta de que en este país hemos aprendido a sobrevivir pero cada quien por su lado... tras los muros, algunos invisibles y otros a la vista de quien los quiera ver, muros de seguridad personal tras los cuales "en tanto no nos toque directamente" lo que suceda afuera no importa... nos da pena, comentamos bajito con la mujer, el hijo, el hermano, el marido, lo triste de saber que anoche allí en el mismo callejón por donde pasamos todos los días mataron a otra persona "sin rostro y sin nombre", porque nadie sabe quién era, vivió toda su vida que bien pudo durar 15 o 60 años en el mismo barrio, pero ahora que ha muerto, pues nadie sabe nada, nadie quiere saber, a nadie le interesa ir más allá... pero a mi me aterra la pasividad con la que hemos aprendido en esta sociedad a vivir, se supone que al terminar la guerra nuestros derechos como ciudadanos fueron devueltos, y podíamos reunirnos en grupo, hacer marchas, hablar claro, tener el corazón del color que quisiéramos y gritarlo al viento, adquirimos la responsabilidad de construir la paz, pero todo eso, si es que en algún sitio se escribió quedó tan sólo allí, y ahora henos aquí, envueltos por el día a día, pidiendo cada amanecer que hoy también nos acompañe la suerte y que no nos toque transitar por el sitio equivocado a la hora también equivocada...

Anoche, aproximadamente a las 7:45 de la noche, mi madre iba hacia la tienda a comprar el pan, mi hermano abría la puerta de la casa para salir con el carro hacia una reunión, mi papá miraba la TV sentado en su silla de ruedas, mi hermana lavaba los trastes, Roco (el perro boxer) reclamaba arrastrando su plato que nadie se había acordado hasta ese momento de darle su cena, los peces de la pecera reclamaban lo mismo, yo preparaba la cena , y justo cuando todo eso junto sucedía, escuchamos la descarga de una pistola "ban, ban, ban, ban, ban, ban", uno tras otro, no una metralleta como otras veces hemos oído, (al igual que en los años de la guerra, escuchamos tan frecuentemente disparos que a veces hasta creo saber reconocer el tipo de arma utilizada - en la guerra yo sabía muy bien si disparaban un AK-47-lo cual significaba que la guerrilla había incursionado en la zona, o si sonaba al armamento militar de la Fuerza Armada, lo cual podía significar muchas otras cosas...).

"Ban, ban, ban, ban, ban, ban", los conté. Un grito, a mi hermano, a mi mamá para que no salgan, ella dice que no escuchó nada, los hermanos sí oímos. Fueron muy cerca... pasaron 10 segundos... que siga la vida. La cena, la TV., el perro, los peces, los trastes sucios, el pan.

Anoche, aproximadamente a las 7:45 de la noche, a 2 minutos de mi casa mataron a una persona cuyo nombre y rostro nadie conoce. Nos enteramos cuando mi hermano regresó al momento de haber salido con el carro hacia su reunión, pero no pudo irse porque el muerto había quedado tirado justo por donde él tendría que pasar... en ese momento todos en casa caímos en la cuenta de que nuevamente la muerte nos pasó de largo, Nos preguntamos por algunos amigos y familiares que aún no volvían de sus trabajos y les llamamos para que tengan cuidado, Comentamos lo peligrosa que se ha vuelto la zona, Nos preguntamos quién sería la persona muerta, Nos preguntamos hacia dónde vamos a llegar, Ninguna pregunta tenía respuesta, Tampoco salimos para saber más... la noche siguió su ritmo, todos volvimos a la normalidad con una tranquilidad que ahora, cuando lo pienso, me hela... me doy cuenta de que nos hemos acostumbrado a la muerte. Nos asusta cuando alguien muere de esa forma pero porque pensamos que podríamos ser nosotros o algún ser querido. Al parecer no nos altera que haya muerto un ser humano si no le conocemos. Se ha detenido una vida de un instante a otro, pero eso no nos llama a la reflexión y mucho menos a la acción.

Dicen que la acción sin reflexión es ciega, y que la reflexión sin acción no sirve de nada. Yo creo que muy tristemente en este país muchos estamos viviendo con valores nuevos, acondicionados a nuestra voluntad. Ante graves problemas de seguridad y frente a una crisis que tiene a la población sumida en una pobreza sin esperanza cercana, parece ser que todavía creemos que "si no nos metemos con nadie, ni decimos nada, ni nada de nada...'estamos salvados'". Si vivo en una colonia con un gran muro alrededor, no me va pasar nada, Pero si no puedo vivir en una colonia así entonces pongo alambre con electricidad alrededor de mi casa y asunto arreglado, A mi y a mi gente no le va a pasar nada, Si no salimos de noche, y tampoco de día como no sea para lo necesario, Si conservo los mismos amigos de siempre y no meto con extraños, Si no ando queriendo saber más de la cuenta, entonces no va a pasar nada malo... Y en cuanto a la economía, bueno, si es que no hay nada qué hacer, de todas maneras siempre ha habido ricos y pobres, si hasta en la Biblia lo dice... y cómo se va a redimir el rico si no hay pobres pues? y cómo vamos a ser todos ricos pues?? y bueno, entre tanta tontería, nadie nos ha enseñado a pensar que la seguridad es un asunto comunitario y que la justicia social no es que “no hayan ricos, ni pobres”, que hay mínimos que un pueblo puede exigir a su Estado, que hay responsabilidades que se comparten, que si pago el impuesto en la gasolina debo exigir ver los resultados en las calles arregladas, que la salud no es "servicios de caridad" como se le llama aquí a los hospitales y clínicas públicas, sino un derecho, que la educación también lo es y que no basta con que se pueda ir a la escuela, porque ahora la escuela no se paga pero alguno de nosotros ha podido estudiar cuando lo que tenía era hambre?.

El Salvador nunca tuvo las vías de acceso por carretera que ahora tiene, jamás tanta tecnología junta!, y hay que decirlo, vamos adelante de muchos países de la región en muchos aspectos. Todavía hay países cercanos en los que para comprar un celular hay que esperar algunos meses, aquí sólo hay que ir al súper o a la tienda fuerte de cualquier colonia, y por unos $10.00 tenemos celular al instante.

El Salvador es un país, desde mi punto de vista, hermoso. Creo que tiene poco que envidiar a los demás de la Región, pero creo que los salvadoreños no avanzamos como seres humanos, seguimos metidos en nuestra concha, no nos atrevemos a sacar la cabeza porque tenemos miedo. No conocemos lo que como pueblo pudiésemos construir si nos uniéramos porque muy pocas cosas nos unen. Y hay que ver que cuando nos unimos sí logramos cosas que otros no alcanzan, pero no nos enteramos. Aquí se hacen teletones para atender a la población discapacitada y siempre, como sea, se llega a la meta. Ya sabemos que no es con el sólo aporte de la gente común, pero allí todos unidos lo logramos y eso es maravilloso, porque demuestra que poniendo cada quien según su capacidad se pueden hacer cosas grandes y beneficiosas. En Guatemala hace muchos años se intenta, y nunca llegan a la meta. El año pasado el lema era "hoy sí vamos a llegar". No llegaron. Nosotros lo conseguimos todas las veces, pero como no hemos aprendido a pensar en colectivo, no vemos que ese puede ser un punto que nos indique que juntos podemos cambiar el rumbo de este país, que si dejamos de ser espectadores podemos lograr que muchas cosas cambien. Pero creo que todavía tiene que llover mucho para que culturalmente demos ese salto. Por ejemplo ahora, heme aquí, como un ave solitaria, escribiendo en mi Blog personal tal vez sólo para mi porque no sé si alguien más realmente lo lee, esto que me sale porque hoy, ha sido una mañana de sábado más tranquila que otras, y caminando por allí me puse a pensar en que anoche, a las 7:45 de la noche, alguien murió en mi colonia, que esta mañana su sangre todavía se miraba en el lugar donde cayó, abatido a tiros por alguien que tampoco tiene nombre ni tiene rostro conocido, Personas a quien nadie vio aunque a esa hora, los niños juegan en la calle, la gente va llegando de sus trabajos y muchos caminan por allí para comprar en la tienda, para ir por el pan, para saludar al vecino, para descansar mirando a la gente pasar... y que a pesar de que una vida se detuvo anoche en mis narices, hoy todo sigue y si quiero puedo correr un tupido velo y no volver a pensar en ello. No pasa nada... mientras no me pase a mí. Yo me pregunto, pensando así ¿hacia dónde nos dirigimos? y por otro lado ¿de verdad creemos que siempre nos vamos a salvar?

En los años ochenta en El Salvador, vivíamos lo que ahora se conoce como "los años de la guerra" y a quien hablaba de la guerra y denunciaba las injusticias y violaciones a los derechos humanos que se cometían lo mataban.

En el año 2008, en El Salvador vivimos lo que se conoce como la etapa de posguerra, etapa de construcción de la paz, y a quien habla acerca de la violencia y denuncia las injusticias y las violaciones a los derechos humanos que se siguen cometiendo, Lo matan.

En la década de la guerra teníamos miedo. En el año 2008 seguimos teniendo miedo.

Antes pensabamos "alguien tiene que hacer algo", ahora tal vez, seguimos pensando igual...
Y es que
Hay cosas que simplemente, no cambian.

Nos enchufamos, gracias!


imagenes contadores

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