ESTA BOCA ES MÍA...

Enchufados, estemos donde estemos...

Por María Ofelia Zúniga P.
El Salvador, Centro América
«Volver a volver a empezar». Eso dice una canción de Sabina.
Volver a casa, volver a la rutina,
Volver al trabajo, volver a verte,
volver a leerte, volver a tenerte,
volver amar.
«Volver con la frente marchita» es lo que quería Gardel,
«Y volver, volver...volver, a tus brazos otra vez»
nos hace desear la nostalgia
aunque no sea posible o simplemente volver
sea igual a perder...
El lunes 3 de agosto/09, aprovechando las vacaciones nos fuimos con mi amiga Carmen Eu' «La Peque» de compras a -por supuesto- «la frontera». El mítico lugar donde hasta el año pasado iba para comprar ropa que luego vendía en San Salvador entre amigas y conocidas. Siempre lo expresé, para mi ese sitio representa para mi algo más allá de un lugar de trabajo, es algo así como una escuela donde aprendí muchas cosas por medio de la gente que fui conociendo a lo largo de 2 años... volver ha sido como un «dèjá vu», pero debo reconocer que no todo es igual... no es igual ni mi propósito, ni la misma frontera, ni yo.

Hace un año empecé a trabajar en mi actual empleo haciendo entrevistas a consumidores activos de «crack » y otras sustancias, desde entonces paré de ir a la frontera y sé de lo que allí sucede nada más por lo que me va contando mi mamá que sigue trabajando con sus ventas de bolsos para mujer y pasa por allí un par de veces a la semana.

En medio de lo que suman nada más 12 meses han cambiado muchas cosas, algunas triviales como que alguien fue movido unos metros de donde antes vendía, pero otras cosas se transformaron para siempre sin retorno. Por ejemplo, 6 personas murieron por distintas causas, alguna incluso víctima de la violencia que impera en estos países como «don Panchito» quien era el cambiador de moneda con el que oficialmente cambiabamos los dólares a quetzales y viceversa tanto mi mamá como yo -por las tardes-. Hace unos meses al terminar un día de mercado mientras caminaba hacia sus casa con su esposa y su nieto unos asaltantes le salieron al paso, tomaron al niño en sus brazos para amedrentar y que los demás entregaran lo que llevaban y en un acto de legítima defensa don Panchito quizo proteger a su familia y recibió las balas que lo mataron instantaneamente...´

«La niña Blanquita» también cambiaba moneda y con ella -igualmente de forma oficial- cambiabamos por las mañanas. Llevaba a cuestas una diábetes crónica junto a quién sabe qué otros males que combatía con medicinas tanto químicas como naturales, estaba siempre sentada en la puerta de su casa junto a su esposo cada día de mercado cambiando dólares y quetzales, entregando rollitos de papel higiénico para el baño que era el "otro negocio de la familia", mientras sus hijas vendían ropa a la orilla de la casa. Un día su esposo -que a simple vista no padecía de ninguna enfermedad- se levantó, se bañó, se puso la ropa y cuando se alistaba para salir de casa se sintió cansado, le dijo a ella que iba a dormir otro ratito mientras ella se terminaba de arreglar... se durmió en su cama y no volvió a despertar. La niña Blanquita se quedó muy triste y hace un mes le siguió en el camino que lleva más allá de la vida...

Como ellos, murieron de enfermedades repentinas otras personas que no llegué a conocer como a don Panchito, ni a la niña Blanquita y su esposo, pero a quienes veía como parte de todo aquel escenario que da vida a la frontera cada lunes y cada viernes: días de mercado. Una chica de unos 22 años que tenía una comedor junto con su hermana, un hombre de unos 60 que vendía a unos metros de donde a veces se ponía a vender mi mamá, una señora del mismo sector que un día guardó la ropa, se fue a su casa y se tomó unas pastillas para matar ratas y un chico de veinte y poquitos años al que una leucemia repentina y fulminante le quitó la vida en menos de un mes...

«No podemos bañarnos dos veces en el mismo río» decía Heráclito el filósofo griego, según él «el universo no es sino un continuo devenir en el que todas las cosas están sometidas a un cambio incesante».

Volver a la frontera en este agosto me hizo recordar ese pensamiento... en el camino de ida le explicaba a la Peque un poco de aquello que ibamos a encontrar, le daba recomendaciones para que no le fueran a sacar el dinero de la bolsa, que si una cosa y otra y en algún momento también le hablé de lo fragil que se ve la vida en sitios como esa frontera... le hablé de la gente que conocía y que había muerto en este año pero ahora sé que en el fondo de mi ser no había una realidad sobre lo que significaban esas ausencias, era como si no hubiésen pasado los meses y al bajarnos del bus todo fuera igual a como lo conocí y lo viví un día... pero claro que no, no fue y no podía ser así. Heráclito tenía razón: nada permance, todo cambia y no es posible jamás volver.

Llegamos a la frontera y nos dedicamos a comprar, allí las ventas, la gente, la ropa y todo lo demás que se comercia en ese lugar. Las calles siguen siendo iguales, la aduana, el puente, la oficina de migración, las ventas de comida, zapatos, perfumes, miles de personas caminando, unas vendiendo, otras comprando, también en el camino le decía a la Peque que en ese bus ibamos todos: los vendedores, los compradores, los que se dedican a pedir y quiénes van allí para robar... Unas y otros «buscándose la vida» de cualquier manera...

A las 6:30 a.m. llegamos, iniciamos nuestro recorrido, convertimos los dólares en "muchos quetzales", desayunamos "en el lugar de siempre", recorrimos aquellos kilómetros, compramos, caminamos bajo aquel sol inclemente, nos reimos de muchas cosas, sacamos conclusiones, nos cansamos, nos fuimos a meter al río, comimos pescado fresco -y delicioso- en un sitio confortable y en medio de una naturaleza casi virgen, nos subimos al bus de regreso, en el camino nos dormimos, volvimos a casa agotadas pero satisfechas.

Yo al llegar me bañé, me acosté en la cama y dejé que el ventilador secara mi cuerpo, recordé todo lo que había vivido durante el día que dio inicio a las 3:00 de la madrugada, recordé otros días, rostros, nombres, risas... me empecé a quedar dormida y casi podría jurar que soñé con «el río», pero no ese donde aquel 3 de agosto nos refrescamos con mi mamá y la Peque, sino otro, uno que fluye y en cuyas aguas no es posible volver a bañarse nunca, porque la naturaleza y los ciclos de la vida imponen un cambio imposible de detener.
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A María de la Paz Cáceres...
Mujer «Positiva» con admiración y agradecimiento.

«Tengo 45 años. Me casé a los 30. Tengo 2 hijos y en febrero de hace 7 años mi marido murió de SIDA. Fui diagnosticada en marzo de ese mismo año».

Así empezaba un relato que comencé a escribir hace unos meses luego de una conversación que pasó de trivial a relevante en menos de lo que dura un bostezo… Sucedió en FUNDASIDA una mañana cualquiera, de esas en las que no pasa nada que luego valdrá la pena recordar...

Yo estaba descansando un rato y ella se me acercó para conversar, el clima, la gente, los hechos actuales, de cualquier cosa hablamos en más o menos 15 minutos cuando de repente con mi habitual despiste no recuerdo cómo pero la conversación tuvo un giro. Pregunté algo sobre el qué hacer de la organización y ella al responder utilizó un "nosotros" que no alcancé a comprender. Al ver mi cara de signo de interrogación hizo una pausa y luego me dijo: «porque tal vez usted no lo sabe pero yo soy positiva». Anjá, le dije yo sin acabar todavía de enterarme de lo que me decía y entonces sin percatarse de que yo no le había ni entendido continuó: «lo sé desde hace 7 años, cuando mi marido murió de SIDA y yo tuve que hacerme la prueba para saber si me había infectado (...)»

Ahora sí lo comprendí, me dio un vuelco el corazón, me quedé mirándola fijamente y no supe qué decir. Seguí allí sentada a su lado escuchando.

A veces cuando algo me impresiona tengo el fuerte impulso de escribirlo y por eso un día abrí este blog. Este escrito empezó esa misma tarde pero luego me entraron algunas dudas sobre si tenía o no derecho a contar una historia que no me pertenece. Lo dejé de lado y sólo pasados algunos meses lo retomé dada la campaña para la prueba nacional que se realizó de forma gratuita el 26 de junio. Quería escribir algo que hable sobre el VIH, sobre la prevención y la discriminación y de repente me acordé de aquel post que guardé en el archivo de borradores y decidí entonces hablar con ella y pedirle su autorización para publicarlo.

Quiero decir, que lo que sigue es el relato de alguien ha elegido vivir y hacerlo plenamente. Poder conocerla y escribir este texto es para mi «un presente» que nadie no pretendía ofrecerme pero que como tal lo veo. Para mí la confianza, la verdad, el coraje y la capacidad de inyectar ganas de vivir son un regalo y hoy poder compartirlo con ustedes es un privilegio.

Aunque al principio me dijo que no porque no le gusta «los reportajes» María de La Paz me dio permiso para escribir y publicar este artículo. También para utilizar su nombre real y para compartir el audio donde se escucha una entrevista que el periódico «EL Faro» le hizo hace un tiempo. Se trata de su testimonio en breve, porque como ella bien dice, «por contar, habría mucho más que decir, pero creo que con esto basta para tener una idea de lo que quiero expresar (...)»

Muchas gracias por permitirme contar esta historia. Ahora más que nunca creo que -pase lo que pase- en definitiva «la vida es como es, pero a veces también es lo que decidimos hacer con ella».
Según algunas estadísticas, como grupo poblacional las «amas de casa» ocupan tristemente uno de los primeros lugares en vulnerabilidad y prevalencia respecto al tema del VIH en El Salvador y en otros lugares del mundo. Mientras las campañas preventivas han logrado que tanto homosexuales como trabajadoras y trabajdores del sexo aprendan cada vez más a protegerse, las mujeres, particularmente las amas de casa no están siendo educadas para hacer valer su derecho a exigir sexo seguro.

María de la Paz tuvo su primer encuentro cara a cara con el virus de una de las peores formas en que una persona puede conocerle: viendo a su esposo morir de SIDA y luego enfrentando ella misma el difícil diagnóstico: Ser positiva.

«Tengo 45 años. Me casé a los 30. Tengo 2 hijos y en febrero de hace 7 años mi marido murió de SIDA. Fui diagnosticada en marzo de ese mismo año. El proceso de aceptación de que «era positiva» fue muy difícil, me costó mucho aceptarlo, me parecía injusto y más injusto aún que mi marido estuviera muerto y no poder ser yo quien lo matara... fueron tiempos entre la incredulidad y la rabia. Afortunadamente mis hijos salieron negativos en la prueba pero al principio a veces pensaba incluso en que tal vez la solución era la muerte para todos...

Mi familia me dio la espalda, cuando se los comuniqué querían tomar ellos las decisiones, me dijeron que se iban hacer cargo de mis hijos y que no debía volver acercarme a ellos. Pensaban que me iba a morir en el primer año… Yo me puse firme y les dije que no. Que además sólo yo podría decírselo a los niños llegado el momento. Para entonces yo no sabía mucho sobre el VIH, pero sabía que por vivir conmigo mis hijos no iban a infectarse.

Pasó el tiempo y un día decidí que iba a vivir un día a la vez, decidí ordenar mis prioridades y dar su lugar a la gente en mi vida. Eso no es fácil pero para mi era y es lo más importante.

Sin que yo lo buscara y sin que me lo hubiese podido imaginar nunca llegué aquí a trabajar activamente en el tema de VIH-SIDA. Por mi trabajo y la gente que he conocido me han ofrecido viajes y conferencias en muchos sitios del mundo. Yo nunca he viajado pero en 5 años sólo acepté una invitación 8 días a Honduras y sentí que me hacían mucha falta mis hijos así que ya no viajo ni me hace falta. Mi vida está junto a la gente que quiero y que me quiere. Una parte de mi familia me dio la espalda. Entiendo que tienen miedo y por eso no les busco. Hay mucha ignorancia respecto a las personas como yo.

La causa del SIDA es como todas las causas -por ahora- sin cambios relevantes. En 5 años, trabajando de lleno con gente como yo tan sólo he podido ver cambios en el lenguaje... pero la realidad es que nosotros siempre vamos a ser estigmatizados y discriminados... eso no cambia ni va a cambiar de la noche a la mañana. Yo he comprendido que no voy a cambiar el mundo pero que tengo un compromiso con mi vida y con la gente que quiero y que tanto me apoya y por eso para mi nada es más importante que el tiempo que puedo estar con ellos y la forma en que les hago saber que son importantes para mi y que les amo.

Para mi no importa cuanto tiempo me queda. He firmado una carta donde pido que no se prolongue mi vida si antes de que la enfermedad sea la que me mate llega una infección oportunista y lo hace... yo vi morir a mi marido. Estuve a su lado y lo vi irse... se iba y yo no podía detenerlo, no podía hacer nada para que no se fuera. Por eso, cuando llegue el momento no quiero que mis hijos o alguien más sufran lo que yo sufrí. La vida es hermosa y yo me siento viva. Estoy viva y mientras así sea voy a seguir disfrutando cada día como si fuera el último y trabajando por esta causa. Para mi lo más importante es la prevención, los jóvenes, que se protejan, que sepan, que conozcan del tema. Hay que hablar del VIH, hay que tener presente siempre los riesgos, la gente, especialmente los jóvenes tienen que aprender a protegerse»

Esas son las palabras de Mari, una mujer que no tiene miedo de que se sepa que ella «es positiva», que actúa con prudencia nada más porque sabe que la discriminación es real, que la sociedad es inclemente, que los mitos sobre el VIH y el SIDA superan a la realidad en la mente de las personas y que por ello quienes viven con la infección lo ocultan de una u otra manera.

Como ya he dicho el viernes 26 de junio de 2009 fue el día de la prueba nacional de VIH, trabajando en este proyecto llevo a cuestas el tema de la sensibilización y con el ánimo de ser consecuente decidí que era mi turno para hacerme la prueba. Por ser donante de sangre voluntaria cada año he tenido la certificación de que no padezco de alguna enfermedad en la sangre como Hepatitis C, VIH, anemia y otras, sin embargo tengo que reconocer que nunca jamás había ido hacerme directamente la «Prueba de ELISA» ni la «Wenster Blot» ni ninguna otra prueba para buscar concretamente la presencia de la infección de VIH en mi cuerpo y debo reconocer ese día sentí un poco de temor ante el resultado. Hablando con gente cercana que también se la hizo ese día coincidíamos en que nos comían los nervios tanto en la consejería previa como al momento de conocer el resultado.

Aunque mi resultado fue negativo (como lo esperaba) creo que ahora comprendo mejor por qué la gente tiene miedo de hacerse la prueba. Claro, es que enfrentarse al resultado requiere valor. Sin embargo quiero terminar este posts con una invitación a informarnos y a protegernos.

¿Cuándo es necesario protegernos del VIH-SIDA? Respuesta: ¡Siempre! Por nosotras y ustedes, por mí y por ti, yo me cuido.
¿Se puede transmitir el VIH teniendo relaciones sexuales por vía vaginal sin protección? Sí. ¿Teniendo relaciones sexuales por vía oral sin protección? Sí.
¿Teniendo relaciones sexuales por vía anal sin protección? Sí.
¿Hay otras formas de infectarse? Sí.

El contacto directo con fluidos que salen del cuerpo de una persona infectada. Pero no por gotas de saliva cuando hablamos ni mucosidades cuando alguien estornuda. Los zancudos –ojo- No transmiten el VIH.

¿Hace falta conocer a alguien que vive con el virus para informarnos y utilizar métodos de prevención? Ojalá que no.

La campaña del Ministerio de Salud en este año es contra la discriminación y nos recuerda en vallas y carteles publicitarios por toda la ciudad que: COMPARTIR, ABRAZAR, TRABAJAR, ACARICIAR, BESAR, JUGAR... NO SON ACTIVIDADES POR MEDIO DE LAS CUALES SE TRANSMITA EL VIH. No puede dañarnos estar cerca de alguien que es portador del virus pero sí se puede hacer mucho daño nuestra ignorancia y nuestra indiferencia. Hay que tomarnos el tiempo de conocer los mitos y realidades sobre el VIH-SIDA.

Positivo es quien vive.
Positiva es quien comparte.
Positivo es quien se informa.
Positiva es quien se cuida.
Positivo es quien se protege y protege.
Positiva es quien no discrimina...

Positivos y Positivas podemos ser todas y todos, en el sentido auténtico de la palabra y también con la nueva connotación que la transformó un día en un diagnóstico...

AUDIO: Soy María de la Paz y tengo: VIH/SIDA

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Algunos enlaces:

Aumenta el sida en amas de casa

El SIDA en El Salvador - Diario CoLatino, junio 2009


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"Las palabras ya vez jamás alcanzan, si lo que hay que decir, desborda el alma, pero atiéndeme bien -cuando haga falta- a tu lado estaré por si me llamas…"

Así canta Norma Helena Gadea en la canción original de la cantautora Teresa Parodi y que ella dedica a su hija “Candelaria”

Pues “Sin Palabras” es un canto que me transmite fuerza y su letra me sabe a orgullo, a sorpresa de vida y a ese sentir que a veces surge cuando de repente uno ve a un niño o una niña que se vio nacer: caminar como grande, opinar como grande, actuar como grande y que ello nos haga entrar en un momento de repentina lucidez en la que nos hacemos una pregunta, un poco loca pero a la vez inevitable: ¿Pero cuándo creció… cuándo se hizo tan grande sin que yo apenas me diera cuenta?

“(…) Hija mía mi amor, qué linda estabas… cuando fui a despertarte esta mañana, tantas cosas pensé y no dije nada, que crecida te vi, mi amor que larga (…)”

Y con esas palabras inicio lo que para mi es un homenaje a los logros que se alcanzan no sólo gracias al afán, empeño, disciplina y dedicación de una persona (o personita) sino también gracias al apoyo en muchos sentidos de todo un conglomerado de seres que incondicionalmente se toman muy en serio su respectivo rol y de la manera más eficiente que les es posible se ponen a la altura de las circunstancias para colaborar en los éxitos académicos de alguien hasta que llega el día de verles graduándose…

Acompañar el camino académico de cualquier persona es algo que requiere -más allá de lo económico- cariño y perseverancia, muchísima paciencia, mucha voluntad y una dosis muy grande de “presencia”.

Vivir el día a día y semana a semana de cerca con un o una estudiante es como librar pequeñas batallitas intentando hacerlo de la mejor manera que nos es posible: recordando, aprendiendo y re-aprendiendo, a veces incluso preguntándonos "mmmh, pero si este tema yo lo estudié… ¿por qué será que sólo una nebulosa aparece en mi cerebro ahora eh?", será porque han pasado desde aquellos días –según sea el caso- a veces meses, a veces años, y otras incluso ¡muchos años!

Pues bien, así las cosas, entre tarea y tarea se ha pasado el tiempo y transcurrido el primer año, el segundo, el quinto, el octavo, el bachillerato y entre desvelos, cuadernos, enfados, lápices, uniformes, colores, exámenes, borradores, planas, sacapuntas, bolsones, llegadas tarde, loncheras, reuniones, baños a buen 5 de la madrugada, desayunos, almuerzos a la carrera, el pito del microbús, el estrés de todo el mundo, la lucha con el tráfico, maestras y maestros de los buenos, de los con vocación más bien de sargento, los inolvidables, las monjas, los curas, las faldas abajo de la rodilla, los intramuros, los torneos de basketball, de fútbol, de voleibol, los castigos inmerecidos (porque siempre son injustos!), caritas alegres, caritas tristes, un 10 en el examen, un cinco “inexplicable”, el día cívico, salir a marchar, el día de la familia, de la madre, del padre, del maestro y la maestra, las excursiones, los días de lluvia, los días de sol, las compañeras, los compañeros, las horas libres, los recreos, las vacaciones, volver a clases, pasar el grado, pasar del tiempo… pasaron los años: ¡se están graduando!. Luego llega la U y se repite la historia por supuesto!

Increíble todo lo que gira en torno a la formación de cada persona y de cada generación.

Indiscutiblemente es fruto de muchos esfuerzos cada meta académica que se alcanza y seguramente no hay palabras capaces de definir lo que hay en la mente y el corazón de una madre o un padre, abuelas y abuelos, tías y tíos cuando se ha visto a alguien llegar al mundo, caminar sus primeros senderos, romper el silencio con risas o su llanto, cambiar el mundo con su presencia, crecer, formarse, esforzarse, desvelarse estudiando, pedir nuestra ayuda de vez en cuando, y de repente: ¡verles coronar! Como decía mi papá.

Qué privilegio tan grande es ver a un ser humano transformarse. Y en algunos casos ver como las transformaciones son en dos vías y al unísono: Unos creciendo y otros pasando de ser “tan sólo él o ella” y convirtiéndose en madre, padre, abuela, abuelo, tía y tío, en fin…

Recuerdo un día cuando en la ciudad de Tegucigalpa acompañé a mi amigo César mientras llevaba a su pequeño hijo Salva al hospital por una emergencia y en la sala de espera le miré cantándole bajito una canción infantil para entretenerle y de repente mi visión sobre ese amigo de risas y llantos cambió de forma abrupta y repentina, allí mismo en la emergencia de aquel hospital desde lo profundo del alma me salió decirle: "Dios mío, te convertiste en papá!!"

Ayer mientras pagaba mi almuerzo en un sitio de costumbre mi amiga Carmen le preguntó al hijo de la dueña del lugar cómo le va en la escuela, a lo que él respondió un poco apenado "no voy" y un poco sorprendida ella le volvió a preguntar si ¿éste año no ha ido? ya que el comedor fue abierto hace poco y él -el niño- es una pieza clave en el mismo (hace mandados, despacha, va a dejar comida, etc.)... "NO, NUNCA HE IDO" fue su respuesta y yo sentí como que un mazo me daba en la panza... y el golpe fue rematado al escuchar la inmediata intervención de su abuela que le dijo "porque soy haragán dígales, hay que ser sincero, dígales que no estudia porque usted es un haragán" . En ese momento sólo un repentino aparecimiento de la prudencia que a menudo no me acompaña me contuvo de la cólera que me dio al escuchar cómo se destruye la autoestima de un niño, cómo se le enseña a creer que "aquí el tonto es él". A menudo las adultas y los adultos limpiamos nuestras culpas por medio de engaños de este tipo: "la niña se quemó porque jugaba en la cocina", Claro, porque jugaba donde no se debe y no porque yo que soy adulta/o, su responsable y además que tengo la capacidad para medir el peligro no la cuidé como se debe. Sí, tal vez esas cosas suceden sin intención de nadie pero concretamente las niñas y los niños no son los culpables".

Tal vez pensando en Giovanni, ese chico que tiene 14 años, que no sabe sumar, ni mucho menos leer ni escribir, y encima está creciendo con la certidumbre de que es "por ser haragán" y no porque no ha tenido quién se responsabilice de lo que él siendo un niño no puede asumir todavía como es su formación académica, hoy de repente me acordé que hace un tiempo quería escribir algo que cuente lo muy orgullosa que estoy de mis familiares, amigas y amigos porque -llegado el momento- han sabido asumir el reto y desde los respectivo grados de responsabilidad que su papel le demande, sacrificar la propia comodidad para colaborar con la educación y formación de las nuevas generaciones, siendo a veces incluso capaces de abandonar la paz y dejar entrar la bulla, el canto, las risas, insolencias, pataletas, caprichos y llantos de esos pequeños seres con los cuales se construyen lazos para toda la vida, mismos con los que la gente se vuelve cómplice de esfuerzos y de sacrificios que realmente no pesan porque ellos tienen un fin, como apuntaba en su día mi amigo Robert cuando nos compartía las fotos de graduación de su sobrina la Carito: “Todo (se hace) con la ilusión de verles recorrer el frente del podium, viviendo su momento de fama y reconocimiento, recibiendo sus preciados títulos (…) siendo lo más importante que seguro allí se marca el fin de una y el inicio de otra fase de su desarrollo”.

Muchas felicidades por los pequeños pasos en el la educación -formal- de sus pequeños amores y por darse la oportunidad de acompañar esas vidas y verlas florecer.

"Levantemos la mano por la educación de las niñas" era el eslógan de la Campaña Mundial por la Educación en el año 2003. "Levantemos la mano por la educación de las niñas y los niños" es mi exclamación hoy por hoy.


Mi cariño por siempre y una canción para quienes como ya lo sabemos, aunque crezcan siempre serán "esos pequeños motivos" que nos dejan a menudo como apunta el título: Sin palabras.

Sin Palabras
/Norma Helena Gadea (de su disco "Lo Esencial")

Hija mía mi amor qué linda estabas,
cuando fui a despertarte, esta mañana
cuántas cosas pensé, no dije nada,
qué crecida te vi, mi amor, qué larga!

Las palabras ya ves
jamás alcanzan
si lo que hay que decir
desborda el alma
pero atiéndeme bien, cuando haga falta…
a tu lado estaré por si me llamas...
pequeña mía, por si me llamas.

El país que soñé que tú habitaras
aún nos cuesta dolor, sudor y lagrimas,
pero existe mi bien con tantas ganas
en tus ojos lo vi, esta mañana

No lo olvides jamás
Pequeña y canta,
es hermoso vivir… con esperanzas

Que el amor puede más, que lo que pasa
eso quise decir, no hallé palabras
no hallé palabras…
mi Candelaria….



Salva al Kinder en Santa Cruz...

Matías en "su primer día en el kinder"

Carito graduándose de bachiller...



Michelita graduándose del Kinder



Jason graduándose del kinder en Los Ángeles, CA.


Antonio en el último día de su primer año en la Guarde...




La Dani en aquella semana de "Expo-Científica" donde al cabo de unos días preguntó ¿por qué viene tanta gente y nadie de la familia? y como debía ser, al día siguiente: La Familia en Pleno llegamos allí para apoyarla. A veces hay despistes pero lo importante es saber remontar...;-)




La Tont... prima Ruth -mamá de la Dani - graduándose de la U. (a veces "la U" deja como herencia algo más que la formación y un título... jaja)







La Rinis y Mayra después de tanto pelear con la UCA... Muy bien!!!

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