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marzo 14, 2008

De ayeres y otras yssherbas

Hace algunas semanas me visitaron los recuerdos de muchas personas que he conocido a lo largo mis treinta y pico de años.

Me puse a seleccionar "por fin" -como diría mi mami-, lo que quería conservar de una gran caja de 1 mt. x 1 mt. llena hasta la mitad que contenía libros, cuadernos, papeles, recuerdos... que ella reunió durante el tiempo que estuve viviendo fuera y que al volver me entregó.

Cuando la vi por primera vez, y entonces sí estaba totalmente llena, mi intención inicial sinceramente fue tirarla tal cual (más por vagancia que por ninguna otra cosa), pero mi mamá me puso cara de "te mato" y me chantajeo (es que fue un chantaje) con una sentencia que yo no podía rebatir "si yo fui capaz de guardarla para vos por todo un año, lo único que te pido es que tengás por lo menos la delicadeza de revisarla", pero claro, es que tenía razón.

Pues bien, como entonces no era cosa de simplemente mirar fui dejando la dichosa caja para después y hace como medio año la enfrenté por primera vez sacando digamos que lo más grande, adornos, bolsos, libros, etc. Al cabo de un buen rato tenía 2 bolsas jardineras llenas de basura, algunos bolsitos recuperados, nostalgia por esos libros que tanto disfruté leer y como tres carpetas de cositas más que quería conservar. Ah si!, y nadita de ganas para continuar...


Pasaron los meses y hace un par de semanas me invadió nuevamente el espíritu de renovación (o tal vez de la exterminadora de ácaros que fui en otra vida) que de vez en cuando me posee, me vuelve una bruja con escoba y "al que no se aparte me lo llevo".


Así, me paré frente a aquel medio metro lo que fuera que contuviese la caja. La saqué del rincón donde ha estado casi 3 años (ah!, porque la otra vez no la pude ni mover…), la empujé con todas mis fuerzas (ya sabemos que no tengo tantas), la casi tiré por las escaleras de mi casa, ya abajo la arrastré hasta que quedara cerca del sillón y me dispuse a escarbar. Va a ser cosa de un rato, "ésto sirve y ésto no", me engañé. Empecé a sacar y a medida que sacaba se me iban ensuciando hasta las orejas pero paradójicamente, mientras mis manos, mi ropa, mi cara y mi cabello se volvían como de heno, mi memoria se iba sacudiendo, se llenaba de luz y cuando vine a darme cuenta se me habían desempolvado los recuerdos.

Avanzaba el día y asi, al cabo de lo que fueron muchísimas horas sentada, con un reguero de cosas por aquí y por allá, mi papá dando paseitos con su silla de ruedas y leyendo alguna que otra revista de las que yo iba sacando, mi mamá con su cara de satisfacción por haber logrado doblegar mi espíritu rebelde, Roco -el chucho- dando miles de rondas, a ratos durmiendo y otros desbaratándo algún rimerito (y cayendo con un sólo salto fuera de mi alcance por supuesto!), casi sin darme cuenta me fuí sumergiendo en un laberinto de recuerdos.


Llegado un momento creo que ni un temblor hubiese sido capaz de evitar que yo siguiera sacando, leyendo, evocando. El espacio a mi alrededor parecía haberse transformado y algo así como un aura de energía positiva con olor a nostalgia, sensación de alegría y hasta de variados sabores me envolvió (lo último tal vez era por mi convicción de que algunos de los más hermosos momentos con los que se puede festejar la vida tienen lugar alrededor de una mesa).
Seguí sacando, las horas pasaban pero yo me sentía en pausa. Más bien parecía que si el tiempo avanzaba lo hacía en reversa, y así de la mano de fotos, postales, tarjetas de cumpleaños, de navidad, del día de San Valentín, papelitos de post-it, y cartas, muuuchas cartas, uno a uno fueron llegando los recuerdos y agolpándose en mi memoria rostros, voces, sonrisas, lugares, lágrimas, secretos, confesiones, sueños compartidos... todo allí junto como testigo de otros tiempos que por momentos me parecía no sólo eso, sino más bien "otras vidas".


Más horas y poco a poco parecía como si por algún extraño conjuro se me había concedido el poder para convocar a los espíritus de tanta gente con la que un día nos conocimos, nos acercamos y por dicha, pudimos hacer de aquel encuentro algo Muy importante.

Resumiendo, como diría J. Sabina, al final de todo aquello, mucho era basura, que en su día no lo fue pero ahora sencillamente había que aceptar que lo acumulado de un sin número de cursos, encuentros, seminarios, talleres, etc., o ya no es vigente o simplemente es que yo nunca la voy a volver a mirar.

Por tanto, lo que valía era lo otro, lo que tenía que ver con otras personas y la forma en que de muchas maneras tocaron intensamente mi vida.

Así que puedo decir que lo más emotivo no fueron mis múltiples diplomas de participación y la documentación de aquellos eventos que (se supone) aumentaron mis conocimientos, ni las estadísticas anuales sobre distintas maneras de expresar cómo están de bien o de mal los seres humanos. No, lo que me impactó fueron las notas, las tarjetas, algunos e-mails que seguramente por importantes o porque eran muy largos preferí imprimir para leerlos, las fotos, los libros pero sobre todo las cartas.

¡No!, no eran cartas de "ex" o de "ex-ex-ex", bueno no todas (aunque sí muchas...), pero también las había de muchas personas más, algunas con quienes por suerte aún seguimos en contacto y otras de las que sinceramente hoy por hoy no sé nada, pero sin embargo puedo decir ¡vaya que nos quisimos! y qué bueno saber que durante ese tiempo cuando la vida nos juntó aprovechamos la oportunidad para ser amigos, amigas... casi familia, y todo eso allí reflejado… testificado en aquellas palabras escritas.

Al final de ese día reflexioné sobre "qué bonito es recibir una carta". En algún sitio leí que una maestra de literatura hacía escribir los trabajos a sus alumnos primero en papel y luego en computadora y eso era para que pudieran "sentir las palabras" y yo, aunque aprecio y hago uso de la tecnología y pienso que es maravilloso este invento de la Internet, reconozco que a pesar de que el recibir un e-mail en determinado momento ha hecho dar saltos a mi corazón (y que algunos valen lo que vale una carta), el sentimiento que evoca un sobre cerrado, con un sello postal, con un remitente y un destinatario escrito con la inconfundible letra de un ser querido, eso algo difícil expresar con palabras y con ellas hacerle justicia.

Pienso que aquella maestra de literatura tenía razón, y cuando uno escribe en papel siente las letras, y tal vez sea cuestión de energía, pero creo que el otro también puede sentirlas... sentirnos.

Curiosamente, unos días después al volver a casa encontré una nota del correo postal que decía "usted tiene una encomienda certificada". Está demás decir que esa noche casi no pude dormir, y al día siguiente, el sábado 8 de marzo para ser exactos esa era mi prioridad sobre todas las demás cosas. Estaba montada en el emocionante tren entre saber que hay una carta, tener el sobre en las manos, abrirlo y descubrir el tesoro que hay dentro. Qué ilusión, la fila, ver a la gente marcharse con sus paquetes (y en sus rostros la misma sonrisa que estaba a punto de dibujarse en el mío).

Entregué la nota firmada y mi documento, me entregaron un paquete muy grande y salí corriendo a recoger a mi hermana para ir juntas a la casa porque el remitente decía "Familia Zúniga Platero". El envío venía de Alemania, de Annie y Felix, la primera mi hermanita alemana con quien compartimos inolvidables meses viviendo juntas en Perú, y el segundo, un chico encantador que se vino con ella a visitarnos y conocer Centro América en Octubre del año pasado. Ambos, amigos inolvidables.

Adentro, un calendario precioso con fotos de su viaje a estas tierras en cada mes. Muchos chocolates (hay que recalcar que cuando digo muchos eran mu-chos!), caramelos, sobres de chicha y mazamorra morada instantaneas, (tan peruanas y yo alli, que no me lo podía creer!!!) y con todo aquello: una carta...

Como yo lo veo, para comunicar lo que uno siente, pocos recursos son como las cartas que llevan nuestro mensaje de manera tan fiel... que guardan nuestro sentir en cada palabra que escribimos.

Leyendo y leyendo concluí de manera personal, que a menudo los e-mails nos dejan saber lo inmediato, lo que sucede en el día a día y eso es fantástico, pero no todos nos cuentan cosas como lo hace las cartas porque alli uno escribe tal como va dictando el alma. Tal vez entonces por ello, aunque pase el tiempo guardan la vigencia del cariño con que se escribieron y la ilusión con que fueron recibidas en su momento.

De la caja, la otra, la que contenía medio metro de muchas cosas, como 15 centímetros eran recuerdos y de ellos puedo decir que se salvaron las fotos, las postales (para mi colección), las notas, los libros, mi diario de cuando tenía 15 años, mismo que escribí en una clave inventada para que mi mamá no se enterase de quién sabe qué y que ahora no soy capaz de descifrar de ninguna manera. Se salvaron también algunos e-mails de los que un día imprimí y por supuesto, las cartas. Para mi felicidad, Muchas! De amistades pasadas De historias vividas De sueños —algunos rotos y otros cumplidos— De luchas compartidas De algún adiós sin retorno De otros que ya tuvieron reencuentro De amigos que partieron al cielo De unos cuantos que se alejaron porque así lo decidieron y porqué no decirlo, también de algunos a los que seguramente yo no supe cómo hacer para conservarles cerca

Es increíble que en esos como 20 centímetros cuadrados cupiera lo más relevante de muchas historias incluyendo la mía que en 34 años lleva acumulados, entre otro millón de acontecimientos 3 terremotos, 1 guerra civil que duró 12 años, un número imposible de precisar de asaltos a mano armada, sucesos de la niñez que determinaron un trocito de mi hoy, un largo camino en busca de Dios que seguramente terminará hasta el día en que me muera, la militancia en diversos grupos de distintas índoles y denominaciones todo en consecuencia con el deseo humano de encontrar mi lugar en el mundo, amigas y amigos que han dejado su huella, amores buenos de esos que tal vez nunca se olvidan y alguno que otro tan malo que vale la pena nada más que para saber distinguir entre el jin y el jan (no voy a especificar quién fue el malo, tal vez él, tal vez yo… quizá ambos o ninguno, ahora eso ya no importa).

Mi amiga Michele, cuando se iba a casar me entregó para que se la guarde una pequeña caja que contiene los recuerdos de su vida de soltera, mismos que quiere guardar para “cuando sea vieja” me dijo. Aquel día, el de los recuerdos, pensé que hoy por hoy los míos caben en un lugar ligeramente más grande (claro, eso es porque ella se casó a los 25 y yo ya tengo 34…) sin embargo creo que es válido guardar algo, lo que sea, y así cuando nos llegue el alzheimer podremos decir como el poeta Neruda en aquel libro entrañable: CONFIESO QUE HE VIVIDO… y en esta cajita guardo la evidencia. 
Cuando lleguen esos días en que los pensamientos ya no ven hacia adelante, quizá sean esos recuerdos lo más hermoso de todo lo que hayamos podido acumular, y lo único que dignifique esa mirada vuelta hacia atrás.

Muchas veces leo a manera de amenaza que los libros, en su versión impresa, tienen los días contados. Yo no sé si eso realmente será así, lo que sé es que estoy muy agradecida de haber nacido en el tiempo cuando podemos -todavía- sentarnos cómodamente, coger un libro con las manos y permitirnos el placer de sumergirnos en esos mundos particulares de una historia, una novela, una epístola, un relato, un diario... y sentir en algún momento que no lo queremos terminar o terminarlo con la sensación de que un buen amigo se fue. Este es el mismo tiempo que también nos permite, ya menos pero todavía — y claro, cuando no son notas de cobro— atender al cartero en la puerta de la casa o abrir el buzón cuando llegamos y sentir que nos va invadiendo la emoción, que nos cosquillea el estómago, porque ¡ha llegado una carta! y al abrirla: esa letra (aunque no sea tan bonita), esas palabras, ese cariño.

Aqui entonces, para ustedes, lo que quiere decirles mi alma con mi lenguaje personal, este que se apodera de mi a veces y que me hace escribir, escribir y escribir sin saber muchas veces bien hasta dónde voy a llegar, hasta que llego.

Ah sí, y con una especial dedicación a "la madre que me parió", que lleva 34 años intentando doblegar mi rebeldía, que es la principal animadora de todas mis causas (aunque parezcan perdidas de antemano), que con tanto amor reunió mis recuerdos cuando me tenía viviendo lejos y que claro se propuso no permitir que yo los tire a la basura antes de verlos... porque me conoce y conoce mi corazón tal vez incluso más que yo. Muchas gracias Mami.
Como simple ambientación diré que ésto lo escribí mientras escuchaba esa canción de enanitos verdes que habla de las viejas cartas y la de A.Sanz que dice: "escribirás, frases tan sinceras que en ellas podría vivir... escribirás, siempre tan sincera que tu letra podré acariciar".

(Y de antemano aviso: No hay forma de que yo revele a nadie lo que hay en la caja de la Michele eh...jajaja)


marzo 11, 2008

NOCHE DE COPAS...

"Pues no falta dìa para celebrar : LA AMISTAD.

El 1 de marzo pasado nos reunimos a brindar (a plena calle y sin pedir permiso) por las vividas, cultivadas, renovadas y presentes AMISTADES que, desde cerca o un poquito lejos, van nutriendo de conocimiento y emociones nuestras vidas. Asì que, por todos Uds. : SALUD!"


Roberto Rivas.



Así describe Robert ese encuentro. Pero yo creo que fue algo tan bonito que merece la pena contarlo tal cual:

Sábado 1 de marzo. 7:30 p.m. (más o menos)

Suena mi celular (sí, con música de carretón de helados...jeje)

-Roberto: Aló Ofelia, qué tal... charla, charla, charla... y un ratillo despues dice, pues mirá, quisiera saber si quieren salir a tomar algo.

R/ Yo sí, pero le voy a preguntar a la Patito si quiere venir y te aviso.

Quedamos a las 9:00 p.m. en un lugar.



Luego de en breve encuentro en una gasolinera donde Roberto hacía efectivo una cierta vieja propuesta... nos vamos de nuevo, Raúl y él en un carro y la Paty y yo en otro. Punto de encuentro "La Gran vía" alli por los cines... Hay que decir que intentamos seguirlos pero como sabemos, quienes lo sabemos, a Roberto no hay quién lo alcance... Llegamos, buscamos parqueo (sábado por la noche...)

Llegamos al punto acordado, sólo está Raúl, nos volvemos a saludar como quien se encuentra a alguien que hace tiempo que no ve, nos reimos y preguntamos por Robert... Está por allá, dice Raúl, cuidando su detalle... ??

Describo:

Roberto parado a un lado de la fuente en la gran vía, con una pequeña mesita adornada con una bonito mantel, un florero con flores rojas, una botella de vino, 4 copas, y una bandeja de pistachios...

Roberto: "Como no nos habíamos podido ver para celebrar ni el día de la amistad, ni el 6 de enero ni nada, pues pensé que hoy podía ser una buena oportunidad..." Qué más les puedo contar?

Como sabemos a veces, mmm, no, a veces no. Siempre, son los detalles, los que hacen la diferencia, los que se quedan guardados en la momoria, los que expresan el cariño, los que hacen especial una simple noche de copas entre varios amigos. A mi creo que me falta aprender mucho todavía, sin embargo, doy gracias por tener tan buenos maestros...


Ese día, la gente nos miraba y sonreía, tal vez algunos pensaban que estabamos bastante locos, otros quizá que aquello era algo muy original... desde las mesas exteriores de los restaurantes la gente no paraba de vernos, será acaso que es extraño ver esas cosas hoy en día. El chico que nos hizo el favor de tomar las fotos venía discutiendo con su grupo de amigos y con cara de enojo (eso lo vimos nosotros y no Robert que sólo iba preparando la cámara para pedir que saque la foto a la primera persona que se acercara). Pero como hay cosas que son mágicas, en cuanto supo de lo que se trataba cambió la cara, sonrió y nos tomó esta foto.



Por mi parte creo que una de las cosas más bonitas de la amistad es la complicidad. No preguntarse si al otro le va a gustar, no intentar siquiera guardar la compostura... porque está totalmente permitido ser un poco loco, reirse con ganas, hablar de cualquier cosa, pelearse a veces un poquito, alegrarse cuando al otro le pasa algo con genuina sinceridad, entristecerse igual como si me estuviera pasando a mi...

Salud por tantas cosas. Por la amistad. Por quienes están cerca. Por quienes están Lejos. Por aquellos y aquellas con los que nos volveremos a encontrar algún día y por nosotros, que ahora mismo somos compañeros de ruta y podemos construir más momentos memorables... más recuerdos inolvidables.


Gracias Robert. Gracias Raúl.

Muchas gracias.















Nos enchufamos, gracias!


imagenes contadores

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