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enero 26, 2008

Hay cosas que no cambian

Posted on 12:48 by María Ofelia ZP

En los años ochenta en El Salvador, vivíamos lo que ahora se conoce como "los años de la guerra" y entre otras cosas que mi mala memoria puede recordar, no olvido que "de la guerra no se hablaba", es decir, ese era un tema tabú, porque por andar hablando muchos perdieron la libertad, otros el derecho a vivir en su tierra al lado de su gente querida. Y claro, muchos otros perdieron la vida. No se trataba de hablar para inculpar a alguien, se trataba del simple hecho de comentar cosas como que "anoche escuchamos algo", "vimos algo", "vivimos algo" fuera de lo normal. Por ejemplo, de vez en cuando fuera de mi casa se escuchaban disparos, gente corriendo, susurros, gritos ahogados, balazos cerca... lejos. Amanecía y por lo general no amanecía ningún muerto, aunque alguna vez no fuera el caso, pero si lo fue, familias enteras desaparecían como por arte de magia de la noche a la mañana, se sabía de algún joven que había sido sacado de su casa y luego acribillado a tiros en la calle, pero muy pocos, aún ahora pueden recordar algo más que el hecho de haberlo sabido... porque seguramente en esos momentos nadie salió, y si por azar se enteraron de algo más probablemente lo borraron de un plumazo de la mente para no tener la tentación de comentar con quien fuera el hecho... no fuera a ser que la próxima familia desaparecida fuera la propia. Yo algunas de esas cosas las recuerdo vagamente porque sucedieron cuando era pequeña y hay que ver la esfera de cristal intraspasable que muchos de nuestros padres construyeron a nuestro alrededor..., pero como hay hechos concretos que no olvido he intentado sacar de los resquicios de la memoria de mi mamá algo más de información que me ayude a reconstruir mi recuerdo, pero ella tampoco lo recuerda bien, pareciera ser que el ver morir a gente que se ha visto crecer y familias huir sin dejar rastro hubiese sido un hecho tan "trivial" que ahora ya no nadie se acuerda... aunque lo de trivial lo digo de forma irónica... porque ya sabemos que en realidad de lo que se trata es del miedo. Como siempre, mejor es ni abrir la boca, de todas maneras mucha de esa gente se muere precisamente por hablar de lo que ve, de lo que escucha.

Pero pasa que a veces siento que hemos vuelto a vivir esas épocas de los años 80 cuando, al menos en la capital que era donde yo vivía no se hablaba CON NADIE! de "esas cosas", principalmente porque uno no sabía "de qué color?" era por dentro la persona que tenía enfrente, o la que iba atrás de uno/a en el bus, o los que estaban sentados en la mesa de al lado en un lugar público... y así entonces la represión era "la reina del carnaval".

Recuerdo en mis años de adolescente cuando empecé a tener contacto directo con gente que tenía el corazón teñido de rojo, primero en mi parroquia en la que había comunidades eclesiales de base y había todo un movimiento insurgente que apoyaba de una u otra forma la lucha de la entonces guerrilla salvadoreña. Se intentaba vivir bajo los preceptos de la "Teología de la Liberación", el vaticano repartías cartas ofreciendo excomulgaciones, los sacerdotes, catequistas, maestros y todo aquel que supusiera un cerebro un poco más allá del común denominador adquiría el mote de "sospechoso" y uno podía morir por el simple hecho de ser encontrado caminado por allí con una Biblia bajo el brazo. Muchas de las personas que conocí en esa época lucharon en trincheras, en imprentas, en el campo, en la ciudad, algunas desde el púlpito, otras en el exilio, y otras con los sencillos deseos de aquellos que soñaron un día con que El Salvador sería alguna vez un país donde se podría vivir en paz y con justicia social. Muchos muchísimos ya no están, pero aún así, la utopía esta lejos por estas tierras, pero como bien dice Galeano "tal vez simplemente se trate de que "La utopía está en el horizonte, camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar".

Bien, pues la guerra como tal, sus razones y no-razones ya no son vigentes, hace más de 15 años se firmó la paz pero sin embargo, El Salvador sigue inmerso en la violencia, la gente sigue desapareciendo de sus casas de la noche a la mañana, siguen muriendo jóvenes y yo me pregunto, ¿en qué etapa vivimos? porque hace años la llamaban "posguerra", pero sinceramente yo no sé cuánto tiempo se puede hablar de "posguerra", es decir, cuánto tiempo será posible seguir pensando que lo que uno ahora vive es por esa causa, lo que sí sé es que aunque hubo cambios luego de la firma de la paz, ahora, es decir, en el presente, vivimos nuevamente una época donde 'ha vuelto la reina' y ante todos los hechos violentos, muchos de ellos culminados en muertes sin sentido y a veces hasta escalofriantes existe un silencio masivo... un día una joven es violada en plena calle y a la luz del día por 5, 6, 7, 15 jóvenes, algunos en edades que se pueden considerar infantiles, al final la matan, le ponen un cartel donde se explica que era un ajuste de cuentas entre pandillas, pero no que nadie intente sabe más... porque sencillamente "NADIE VIO NADA", porque ver implica una responsabilidad demasiado grande, entonces, como lo describiera perfectamente Saramago en su Ensayo sobre la Ceguera, "cuando en una sociedad (cualquiera) domina el pánico, sus habitantes, sin excepción, construyen muros invisibles desde los cuales nadie duda en sobrevivir a costa de la vida de otros", y así, me doy cuenta de que en este país hemos aprendido a sobrevivir pero cada quien por su lado... tras los muros, algunos invisibles y otros a la vista de quien los quiera ver, muros de seguridad personal tras los cuales "en tanto no nos toque directamente" lo que suceda afuera no importa... nos da pena, comentamos bajito con la mujer, el hijo, el hermano, el marido, lo triste de saber que anoche allí en el mismo callejón por donde pasamos todos los días mataron a otra persona "sin rostro y sin nombre", porque nadie sabe quién era, vivió toda su vida que bien pudo durar 15 o 60 años en el mismo barrio, pero ahora que ha muerto, pues nadie sabe nada, nadie quiere saber, a nadie le interesa ir más allá... pero a mi me aterra la pasividad con la que hemos aprendido en esta sociedad a vivir, se supone que al terminar la guerra nuestros derechos como ciudadanos fueron devueltos, y podíamos reunirnos en grupo, hacer marchas, hablar claro, tener el corazón del color que quisiéramos y gritarlo al viento, adquirimos la responsabilidad de construir la paz, pero todo eso, si es que en algún sitio se escribió quedó tan sólo allí, y ahora henos aquí, envueltos por el día a día, pidiendo cada amanecer que hoy también nos acompañe la suerte y que no nos toque transitar por el sitio equivocado a la hora también equivocada...

Anoche, aproximadamente a las 7:45 de la noche, mi madre iba hacia la tienda a comprar el pan, mi hermano abría la puerta de la casa para salir con el carro hacia una reunión, mi papá miraba la TV sentado en su silla de ruedas, mi hermana lavaba los trastes, Roco (el perro boxer) reclamaba arrastrando su plato que nadie se había acordado hasta ese momento de darle su cena, los peces de la pecera reclamaban lo mismo, yo preparaba la cena , y justo cuando todo eso junto sucedía, escuchamos la descarga de una pistola "ban, ban, ban, ban, ban, ban", uno tras otro, no una metralleta como otras veces hemos oído, (al igual que en los años de la guerra, escuchamos tan frecuentemente disparos que a veces hasta creo saber reconocer el tipo de arma utilizada - en la guerra yo sabía muy bien si disparaban un AK-47-lo cual significaba que la guerrilla había incursionado en la zona, o si sonaba al armamento militar de la Fuerza Armada, lo cual podía significar muchas otras cosas...).

"Ban, ban, ban, ban, ban, ban", los conté. Un grito, a mi hermano, a mi mamá para que no salgan, ella dice que no escuchó nada, los hermanos sí oímos. Fueron muy cerca... pasaron 10 segundos... que siga la vida. La cena, la TV., el perro, los peces, los trastes sucios, el pan.

Anoche, aproximadamente a las 7:45 de la noche, a 2 minutos de mi casa mataron a una persona cuyo nombre y rostro nadie conoce. Nos enteramos cuando mi hermano regresó al momento de haber salido con el carro hacia su reunión, pero no pudo irse porque el muerto había quedado tirado justo por donde él tendría que pasar... en ese momento todos en casa caímos en la cuenta de que nuevamente la muerte nos pasó de largo, Nos preguntamos por algunos amigos y familiares que aún no volvían de sus trabajos y les llamamos para que tengan cuidado, Comentamos lo peligrosa que se ha vuelto la zona, Nos preguntamos quién sería la persona muerta, Nos preguntamos hacia dónde vamos a llegar, Ninguna pregunta tenía respuesta, Tampoco salimos para saber más... la noche siguió su ritmo, todos volvimos a la normalidad con una tranquilidad que ahora, cuando lo pienso, me hela... me doy cuenta de que nos hemos acostumbrado a la muerte. Nos asusta cuando alguien muere de esa forma pero porque pensamos que podríamos ser nosotros o algún ser querido. Al parecer no nos altera que haya muerto un ser humano si no le conocemos. Se ha detenido una vida de un instante a otro, pero eso no nos llama a la reflexión y mucho menos a la acción.

Dicen que la acción sin reflexión es ciega, y que la reflexión sin acción no sirve de nada. Yo creo que muy tristemente en este país muchos estamos viviendo con valores nuevos, acondicionados a nuestra voluntad. Ante graves problemas de seguridad y frente a una crisis que tiene a la población sumida en una pobreza sin esperanza cercana, parece ser que todavía creemos que "si no nos metemos con nadie, ni decimos nada, ni nada de nada...'estamos salvados'". Si vivo en una colonia con un gran muro alrededor, no me va pasar nada, Pero si no puedo vivir en una colonia así entonces pongo alambre con electricidad alrededor de mi casa y asunto arreglado, A mi y a mi gente no le va a pasar nada, Si no salimos de noche, y tampoco de día como no sea para lo necesario, Si conservo los mismos amigos de siempre y no meto con extraños, Si no ando queriendo saber más de la cuenta, entonces no va a pasar nada malo... Y en cuanto a la economía, bueno, si es que no hay nada qué hacer, de todas maneras siempre ha habido ricos y pobres, si hasta en la Biblia lo dice... y cómo se va a redimir el rico si no hay pobres pues? y cómo vamos a ser todos ricos pues?? y bueno, entre tanta tontería, nadie nos ha enseñado a pensar que la seguridad es un asunto comunitario y que la justicia social no es que “no hayan ricos, ni pobres”, que hay mínimos que un pueblo puede exigir a su Estado, que hay responsabilidades que se comparten, que si pago el impuesto en la gasolina debo exigir ver los resultados en las calles arregladas, que la salud no es "servicios de caridad" como se le llama aquí a los hospitales y clínicas públicas, sino un derecho, que la educación también lo es y que no basta con que se pueda ir a la escuela, porque ahora la escuela no se paga pero alguno de nosotros ha podido estudiar cuando lo que tenía era hambre?.

El Salvador nunca tuvo las vías de acceso por carretera que ahora tiene, jamás tanta tecnología junta!, y hay que decirlo, vamos adelante de muchos países de la región en muchos aspectos. Todavía hay países cercanos en los que para comprar un celular hay que esperar algunos meses, aquí sólo hay que ir al súper o a la tienda fuerte de cualquier colonia, y por unos $10.00 tenemos celular al instante.

El Salvador es un país, desde mi punto de vista, hermoso. Creo que tiene poco que envidiar a los demás de la Región, pero creo que los salvadoreños no avanzamos como seres humanos, seguimos metidos en nuestra concha, no nos atrevemos a sacar la cabeza porque tenemos miedo. No conocemos lo que como pueblo pudiésemos construir si nos uniéramos porque muy pocas cosas nos unen. Y hay que ver que cuando nos unimos sí logramos cosas que otros no alcanzan, pero no nos enteramos. Aquí se hacen teletones para atender a la población discapacitada y siempre, como sea, se llega a la meta. Ya sabemos que no es con el sólo aporte de la gente común, pero allí todos unidos lo logramos y eso es maravilloso, porque demuestra que poniendo cada quien según su capacidad se pueden hacer cosas grandes y beneficiosas. En Guatemala hace muchos años se intenta, y nunca llegan a la meta. El año pasado el lema era "hoy sí vamos a llegar". No llegaron. Nosotros lo conseguimos todas las veces, pero como no hemos aprendido a pensar en colectivo, no vemos que ese puede ser un punto que nos indique que juntos podemos cambiar el rumbo de este país, que si dejamos de ser espectadores podemos lograr que muchas cosas cambien. Pero creo que todavía tiene que llover mucho para que culturalmente demos ese salto. Por ejemplo ahora, heme aquí, como un ave solitaria, escribiendo en mi Blog personal tal vez sólo para mi porque no sé si alguien más realmente lo lee, esto que me sale porque hoy, ha sido una mañana de sábado más tranquila que otras, y caminando por allí me puse a pensar en que anoche, a las 7:45 de la noche, alguien murió en mi colonia, que esta mañana su sangre todavía se miraba en el lugar donde cayó, abatido a tiros por alguien que tampoco tiene nombre ni tiene rostro conocido, Personas a quien nadie vio aunque a esa hora, los niños juegan en la calle, la gente va llegando de sus trabajos y muchos caminan por allí para comprar en la tienda, para ir por el pan, para saludar al vecino, para descansar mirando a la gente pasar... y que a pesar de que una vida se detuvo anoche en mis narices, hoy todo sigue y si quiero puedo correr un tupido velo y no volver a pensar en ello. No pasa nada... mientras no me pase a mí. Yo me pregunto, pensando así ¿hacia dónde nos dirigimos? y por otro lado ¿de verdad creemos que siempre nos vamos a salvar?

En los años ochenta en El Salvador, vivíamos lo que ahora se conoce como "los años de la guerra" y a quien hablaba de la guerra y denunciaba las injusticias y violaciones a los derechos humanos que se cometían lo mataban.

En el año 2008, en El Salvador vivimos lo que se conoce como la etapa de posguerra, etapa de construcción de la paz, y a quien habla acerca de la violencia y denuncia las injusticias y las violaciones a los derechos humanos que se siguen cometiendo, Lo matan.

En la década de la guerra teníamos miedo. En el año 2008 seguimos teniendo miedo.

Antes pensabamos "alguien tiene que hacer algo", ahora tal vez, seguimos pensando igual...
Y es que
Hay cosas que simplemente, no cambian.

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Gracias,
Ma. Ofelia

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